miércoles, 11 de abril de 2018

Kant y la teoría de la justicia de John Rawls

    "En el apartado de la Teoría de la justicia, del filósofo estadounidense John Rawls, titulado "La interpretación kantiana de la justicia como imparcialidad" se descubren conceptos clásicos del ilustrado alemán I. Kant que Rawls tiene presente en la elaboración de su concepto de justicia como imparcialidad: elección racional, autonomía, imperativo categórico y seres nouménicos. Estos cuatro términos kantianos remiten, en última instancia, a la concepción de persona moral.                                                                                                                                                                                                                                                                             
a) Para Kant los principios morales que debe guiar la conducta de los individuos son el resultado de una elección racional. Asimismo la legislación moral de un estado ético debe ser acordada bajo condiciones propias de personas libres y racionales. Esta cualidad kantiana de elección racional propia de las personas, la atribuye Rawls a las partes en la posición original.

b) Una persona actúa autónomamente, según Kant, cuando los principios de su acción son elegidos por él mismo como la expresión más adecuada de su naturaleza de ser libre y racional, desconsiderando motivos heterónomos como la posición social, los dotes naturales o los deseos particulares. Esta exigencia kantiana de autonomía queda respalda en Rawls por el velo de ignorancia que se puede concebir como un artificio para privar a las personas del conocimiento que les inclinaría a escoger principios ciertamente heterónomos. Por tanto, el velo de ignorancia se convierte en la garantía de la autonomía moral.

c) Al igual que los imperativos categóricos kantianos se entienden como principios de conducta que se aplican a las personas en virtud de su naturaleza como seres libres y racionales, para Rawls actuar a partir de los principios de la justicia es actuar a partir de imperativos categóricos en el sentido de que se aplican cualesquiera que sean sus propósitos en particular. Las personas que actúan desde los principios de justicia, al convertirse en imperativos categóricos por su incondicionalidad, están obrando con plena autonomía porque estarían actuando desde principios que aceptarían en las condiciones que mejor expresasen su naturaleza como seres racionales, libres e iguales

 d) Si tanto las partes en la posición original (que escogen los dos principios de justicia) como los miembros de cualquier sociedad o institución (que se rigen por ellos) son libres, racionales y autónomos; también participan, según Rawls, de las características propias de los seres noumenales. Éstos son aquellos que poseen plena libertad para elegir cualquier principio de conducta independiente de las contingencias naturales y de los accidentes sociales. Es decir, somos seres noumenales cuando actuamos según los principios reconocidos en la posición original que se convierten indirectamente en la garantía de nuestra libertad, racionalidad  y autonomía.

 Los cuatro términos éticos kantianos anteriores son aplicados por Rawls a distintos aspectos de su teoría (la racionalidad a la posición original, la autonomía al velo de ignorancia, los imperativos categóricos a los principios de justicia y los seres noumenales a las partes que tendrán que llegar a un acuerdo), y responden a los rasgos de una determinada noción de persona. En definitiva, la explicitación del concepto de persona que acepta Rawls, apoyándose en Kant, es el punto de partida y presupuesto de toda su teoría.
 La ética Kantiana ofrece el mejor respaldo filosófico a la teoría de la justicia porque es la ética que mejor fundamenta desde la razón la dignidad de la persona que subyace al proyecto rawlsiano. Para Kant el hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no sólo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no sólo las dirigidas a sí mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales, ser considerado siempre al mismo tiempo como fin19. Es decir, según Rawls la misma noción kantiana de dignidad de la persona es la que motiva su Teoría de la justicia, proporcionando una mayor coherencia a todos sus objetivos, y la que favorece su fuerte atracción moral. 
      A pesar de todo lo anterior, otros autores, como F. Vallespín, sostienen que la revisión rawlsiana, aunque afecta al contenido del imperativo categórico, no resuelve el problema, ya que éste no nos dice por sí mismo cómo hemos de actuar y organizar la sociedad desde esta perspectiva".
Fuente:  Valentín Galván García.

lunes, 9 de abril de 2018

La Ilustración.

     La Ilustración del siglo XVIII moldeó el mundo en el que vivimos. La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo (especialmente en Francia e Inglaterra) que se desarrolló desde fines del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó durante los primeros años del siglo XIX. Fue denominada así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces. Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor. 
     La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos económicos, políticos y sociales de la época. La expresión estética de este movimiento intelectual se denominará neoclasicismo. Los máximos representantes de esta corriente en Europa fueron Montesquieu, Diderot, Rousseau y Buffon, mientras que en España las figuras mas notables de este movimiento fueron Cabarrús, Cadalso, Campomanes, Capmany, Feijoo, Hervás y Panduro, Jovellanos y Celestino Mutis.



CUESTIONES:
- Analiza la primera parte del documental anterior, en la que describe la Prusia ilustrada de Federico II y describe cómo era este rey, sus luces y sus sombras, y cuál fue su actitud frente a la libertad religiosa y la censura.

sábado, 7 de abril de 2018

Historia de una escalera: censura y teatro en la España de la dictadura franquista.

Historia de una escalera,  obra del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, parece representar el fracaso colectivo de la sociedad española tras la Guerra Civil. Frente a los sueños individualistas de Fernando por ascender socialmente se contrapone el fracaso de la apuesta por la lucha colectiva. Los personajes parecen haberse dejado "vencer por la vida", repitiendo de forma cíclica, en varias generaciones, la misma impotencia y frustración. Sólo el amor, torcido al final por otros intereses, parecía ofrecer una salida, especialmente a las mujeres jóvenes, a esa insatisfacción y resignación. En un espacio interior y cerrado, que parece reflejar el inmovilismo de sus destinos, los personajes se asoman a la vida de los demás vecinos con cierta amargura.

La censura en el teatro de la España franquista.
       Los textos teatrales que se pretendieron representar durante la dictadura franquista debían pasar el filtro de la Junta de Censura de Obras Teatrales, un organismo que funcionó hasta 1978 (incluso durante los tres primeros años de la Transición). En muchas ocasiones la censura supuso "la desaparición de frases, la desvirtuación de diálogos y situaciones dramáticas, e incluso su prohibición total". También sufrieron la censura las obras de los autores del exilio (Max Aub, José Bergamín, León Felipe o Rafael Alberti),y autores extranjeros de signo claramente izquierdista (Bertolt Brecht, Jean Paul Sartre...). Hasta el 4 de marzo de 1978 no se recuperaría la libertad de expresión en los escenarios españoles (tras cuatro décadas de censura). Ese día entró en vigor el Real Decreto 262/1978.
    La censura condicionó la escritura dramática durante la dictadura franquista, llegando incluso a convertirse en el tema central, y de denuncia, de algunas obras teatrales, como sucedió con La mordaza, de Alfonso Sastre, en los años 50, o con Matrimonio de un autor teatral con la Junta de Censura, de Jesús Campos, en los 70.

Impresos-modelo para la labor del censor teatral. Hasta 1963 estos impresos apenas variaron, y los apartados de que constaban son:

- “Breve exposición del argumento”
- “Tesis” (en el que debían comentar el supuesto mensaje de la obra en cuestión)
- “Valor puramente literario” y “Valor teatral”
- “Matiz político”
- “Matiz religioso”
- “Juicio general que merece al Censor”. Seguidamente, debían detallar las páginas en las que se realizarían “Tachaduras” y “Correcciones”, además de responder a cuestiones como: “¿Se juzga tolerable o recomendable para menores?”; “¿Qué modificaciones cabría introducir para autorizar, en su caso, la representación, en el supuesto de que la obra acusase deficiencias: de tipo político, social o moral, siempre que su valor literario lo aconseje?”, y “¿En qué lugares de la obra y en qué sentido habrían de introducirse esas modificaciones?”.
- “Otras observaciones del Censor”.
- Fecha y la firma del censor.

Sobre la censura de "Historia de una escalera". 

 Las primeras obras de Antonio Buero Vallejo, que inauguraban la corriente del realismo social en el teatro de posguerra, pasaron prácticamente inadvertidas a las tijeras censoras.

Expediente de censura de "Historia de una escalera" (11/10/1949).  Historia de una escalera fue autorizada para mayores de 16 años, con tres cortes (en las páginas 32 del Acto I, 18 del Acto II y 28 del Acto III) y dos modificaciones (página 18 del Acto II y 28 del Acto III). Los censores fueron: un vocal eclesiástico, Fray Mauricio de Begoña; Gumersindo Montes Agudo, falangista, crítico cinematogŕafico de la revista Juventud y sacerdote; y Emilio Morales de Acevedo (1888-1959), censor y crítico teatral en El Alcázar y Marca.

Historia de una escalera fue considerada como “un bello y sutil sainete para minorías selectas”, y de ella se dijo que era “expositiva sin mantener tesis alguna”; sin “fuerza polémica” en su planteamiento político, y “sin tacha” en lo moral. La obra se autorizó con algunos cortes y modificaciones puntuales (como la frase “Más vale ser un triste obrero que un señorito inútil”, en la que se obligó a sustituir “señorito” por “soñador”), y con algún comentario adverso -se la tildó de “pesimista”-, pues su presentación de aquella escalera de vecindad se alejaba en gran medida del vacuo triunfalismo del régimen. Sin embargo, como es sabido, la obra se estrenó en el Teatro Español (1949), entonces de titularidad estatal. El crítico teatral y censor Emilio Morales de Acevedo calificó su valor literario de “muy estimable” y añadió: “Es prodigio de observación y de verdad que lleva al autor a no querer prescindir de adjetivos vulgares para dar fuerza y color a la obra”. También Gumersindo Montes Agudo encontró cualidades estimables en la pieza: “valentía en el enfoque escénico, sinceridad en el perfil de los personajes, nobleza de tema, pulcritud en el trazado moral, intento de rasgar ciertos patrones escénicos, perfecta ambientación”. De esta forma el texto superó la censura y se estrenó en el Español en 1949.
Buero Vallejo situó los dos primeros actos de su obra en 1919 y 1929, y el tercero en 1949, eludiendo tratar el conflictivo año de 1939, y en consecuencia, la guerra civil, tema
 tabú por excelencia.

Debate sobre la censura: posibilistas contra intransigentes.
      En 1960, Alfonso Sastre y Antonio Buero Vallejo mantuvieron una polémica pública sobre el posibilismo teatral, en la que defendieron distintas opciones teóricas en tomo a la actitud que debían adoptar los creadores ante la censura de la dictadura. Sastre invitaba a los autores a escribir como si la censura no existiera, puesto que la arbitrariedad con que esta actuaba impedía saber de antemano qué obras eran imposibles. En su respuesta, Buero Vallejo matizaba su idea del posibilismo: "Cuando yo critico el imposibilismo y recomiendo la posibilitación, no predico acomodaciones; propugno la necesidad de un teatro difícil y resuelto a expresarse con la mayor holgura, pero que no sólo debe escribirse, sino estrenarse. Un teatro, pues, "en situación", lo más arriesgado posible, pero no temerario". Además, Buero negaba la posibilidad de escribir con absoluta libertad interior en el contexto histórico en el que a ambos les había tocado vivir y evidenciaba la contradicción entre los postulados teóricos de Sastre y la cautela con que había escrito La mordaza, precisamente para evitar que la censura la prohibiera.
        Sastre respondió reconociendo un cierto posibilismo en la escritura de La mordaza, "una obra que intentó ser posible después de tres obras prohibidas", si bien explicaba esta contradicción como momento de una evolución a lo largo de su trayectoria: su radicalización, afirmaría posteriormente, se produjo como respuesta a la violencia que continuamente recibían, él y sus compañeros, por parte del régimen.
       Las posturas teóricas de ambos autores se correspondían con trayectorias profesionales muy distintas: Buero Vallejo no solo estrenó casi la totalidad de sus obras escritas durante la dictadura, sino que sus estrenos generalmente se produjeron en mejores condiciones y obtuvieron mayor éxito de público. E n 1975, otro dramaturgo, Femando Arrabal, también polemizó con BueroVallejo por esta cuestión: "Por cierto que la polémica sobre el posibilismo mantenida entre Alfonso Sastre y Buero Vallejo toma todo su valor en estos momentos en que el primero está encerrado en la cárcel de Carabanchel y el segundo, académico de la Real Academia de Madrid, acepta los premios más famosos de la España de Franco". El duro comentario de Arrabal no hacía sino explicitar la opinión de una parte de la oposición antifi-anquista ante el posibilismo bueriano. El propio Alfonso Sastre, muchos años después, afirmaba: "Yo pienso que la equivocación de Buero Vallejo consistía en que, al ejercer su trabajo desde el punto de vista posibilista, se adaptó al sistema. Y adaptándose al sistema, no contribuyó demasiado a romperlo. [...] Y, por otro lado, la posición mía, más radical, tampoco es un gran triunfo porque ese radicalismo de mis posiciones me llevó a la inoperancia, a que mis obras no se estrenaran. Con lo cual tampoco contribuí grandemente a la libertad".

No obstante, a pesar de la polémica, ese mismo año ambos autores firmarían en el Manifiesto contra la censura que en 1960 presentaron más de 300 escritores, intelectuales y artistas. En este Manifiesto se recogían las siguientes exigencias:

1º. La urgente necesidad de una regulación de la materia con las debidas garantías jurídicas, estableciendo claramente el derecho de recurso.
2º. La necesidad, en cualquier caso, de que los funcionarios encargados de aplicar dicha regulación posean una personalidad pública, ya que el anonimato desde el que vienen ejerciendo sus funciones los censores es motivo de las mayores arbitrariedades.

Tampoco Buero escaparía por completo de la censura, pues se le prohibió Aventura en lo gris y se le retuvo durante once años La doble historia del doctor Valmy, donde afrontaba el nada cauteloso tema de la tortura a presos políticos. 

 Analiza algunos de los párrafos censurados.

               Acto I:

Fernando.—[...] Y vosotros os metéis en el sindicato porque no tenéis arranque para subir solos. Pero ese camino no es para mí [...].
Pág. 17: Fernando.—[Veremos entonces quién ha llegado más lejos;] si tú con tu sindicato o yo con mis proyectos.
Pág. 23: Paca.—[¿Y quién te mantiene?] ¡Zorra, más que zorra! (Corrección propuesta: “¡Pingo, más que pingo!”).


Acto III
Pág. 28: Fernando.—Sí, como tú. También tú ibas a llegar muy lejos con el sindicato y la solidaridad
[...]
     Urbano.—¡Sí, hasta para vosotros; los cobardes que nos habéis fallado! (Corrección propuesta: “¡Sí, hasta para ti!”. Buero, sin embargo, lo corrigió de forma distinta, pero su corrección fue aprobada).
Fuentes:
Berta Muñoz Cáliz, "Censurado por el franquismo", El Cultural, 30/03/2006.
Berta Muñoz Cáliz, "A vueltas con el posibilismo teatral".
 También en http://www.bertamuñoz.es/teatrocensura.html


Cuestiones: 
- ¿En qué consistió la postura posibilista y cuál la "intransigente" en el debate sobre la censura en el teatro de la España franquista? ¿Cuál crees que era la postura más acertada? ¿Qué es más importante, "la comunicación con el público" o la "libertad de creación o expresión"? 
- ¿Qué ideas se debaten en los fragmentos censurados de la obra? ¿Cuáles serían los motivos políticos, morales o religiosos que pudieron motivar estas tachaduras o correcciones?

martes, 25 de abril de 2017

Sobre brujas, esclavos y campesinos sin tierra: el origen del capitalismo.

Intentando repensar, desde un punto de vista feminista, el análisis de la acumulación primitiva del capital de Marx, la historiadora feminista Silvia Federici ha analizado en su interesante libro "Calibán y la bruja" (2010), cómo la persecución de brujas en los siglos XVI y XVII, tanto en Europa como en el Nuevo Mundo, fue tan importante para el desarrollo del capitalismo como la colonización y la expropiación del campesinado europeo de sus tierras. La persecución de las brujas, al igual que la trata de esclavos y la expulsión del campesinado de sus tierras, condujeron a la formación del capitalismo (vinculado, desde entonces, con el sexismo, el racismo y la explotación laboral).
Cuestiones: 
- ¿En qué consiste la acumulación primitiva (u originaria) del capital?
- Tras leer la entrevista a Silvia Federici, responde a esta pregunta: ¿Qué conexión existe entre el asesinato de muchas mujeres acusadas de brujería con el nacimiento del capitalismo? ¿Cómo condicionó esa "caza de brujas" la posición social y económica de las mujeres en la Europa de los siglos posteriores? ¿Continúa existiendo en la actualidad?
Imagen relacionada
Preparación para el Aquelarre [Sabbat]. Grabado alemán del siglo XVI.

domingo, 16 de abril de 2017

La filosofía en el siglo XIX: Karl Marx

Para comenzar a conocer el pensamiento del filósofo y revolucionario Karl Marx (1818-1883), puedes ver este documental del programa "La aventura del pensamiento", presentado por Fernando Savater.


Cuestiones:
1. El pensador alemán Hegel fue una gran influencia para Marx ¿Pero qué diferenciaba al pensamiento de Marx del idealismo hegeliano?
2 ¿Qué dice la famosa 11ª tesis sobre Feuerbach? ¿Qué significa?
3. ¿Cómo define Savater el materialismo histórico de Marx?
4. ¿Sobre qué se asienta, según Marx, la ganancia capitalista?
5. Define los conceptos "fetichismo de la mercancía", "alienación" y "plusvalía"
6. ¿Qué significa la frase de Marx "Yo, desde luego, no soy marxista"?


Análisis crítico de la sociología marxista

  En el libro Sociología, capitalismo y democracia (Morata, 2004), un estudio sobre la génesis e institucionalización de la sociología en Occidente, los profesores Fernando Álvarez Uría y Julia Varela dedican un capítulo a la sociología de Marx. Allí señalan cómo se produjo el tránsito en Marx de la filosofía a la sociología política. 
      Al llegar a París, Marx había entrado en contacto con el socialismo francés y el movimiento obrero; y en los Manuscritos de 1844, Marx "retoma de los socialistas y de los economistas sociales la necesidad de introducir en el análisis del pauperismo un punto de vista a la vez sociológico y moral". En esa misma época (1843) Marx había conocido a Joseph Proudhon, hacia el que inicialmente sintió admiración; admiración que, tras la expulsión de Marx de Francia, se transformó en polémico enfrentamiento, al considerar al pensamiento proudhoniano como una mera expresión de la ideología pequeño-burguesa. Marx centró sus análisis en las relaciones capitalistas de producción, lejos de otras tradiciones culturales (sociedades de resistencia y apoyo mutuo, secciones y federaciones profesionales) a las que estaba más próximo Proudhon. Este último, que se convirtió en uno de los padres del anarquismo, rechazaba la delegación de poder en nombre de la democracia asamblearia y defendía la experimentación permanente; sostenía así un anti-estatalismo y un anti-electoralismo que Marx no compartía. Marx compartía con Proudhon la necesidad de una sociedad sin clases, pero mientras que Marx confiaba en la revolución proletaria basada en la lucha de clases, Proudhon apoyaba una revolución pacífica que pasaba por la formación, educación y experimentación de prácticas alternativas de los trabajadores asalariados. Por otro lado, frente al anarquismo, Marx mantuvo una percepción negativa del campesinado quizás explicable -según Fernández y Varela- "por su reacción contra los conservadores, contra los fisiócratas que defendían una concepción idealizada del mundo rural, al tiempo que intentaba romper, invirtiéndola, la dialéctica promovida por la burguesía que incesantemente trataba de enfrentar al "buen" campesino contra el "mal" obrero". 
     También en París, Marx vuelve a encontrarse con F. Engels, que había descubierto la condición proletaria en la cuna de la revolución industrial ("La situación de la clase obrera en Inglaterra" es una obra pionera y singular en la historia de la sociología occidental). Engels también había precedido a Marx a la hora de criticar los supuestos de la economía política clásica.


    Para Fernández y Varela, "la gran contribución del marxismo a la ciencia social fue abrir el nuevo continente de la historia". No obstante, tanto el mecanicismo economicista (la centralidad del mercado y la economía) como la apelación a la violencia revolucionaria (la entronización del modelo de guerra social en el análisis histórico) de muchos de sus seguidores han tenido en ocasiones efectos catastróficos. Así, un aspecto polémico en la obra de Marx es el desplazamiento que se produce en su pensamiento tras el fracaso de la revolución de febrero de 1848 y el triunfo de la contrarrevolución. A partir de entonces, el derrocamiento violento del orden social instituido desplazó los planteamientos democráticos del joven Marx, que rompió con el partido demócrata y pasó de la fraternidad democrática a la teoría de la guerra social. A partir de entonces el movimiento socialista se dividió en dos corrientes enfrentadas: el socialismo "revolucionario" y el socialismo "reformista o democrático". Para Marx, la revolución de 1848 supuso una derrota del movimiento obrero y el final de una república social y democrática. Para otros analistas sociales, por el contrario, constituyó el comienzo del sistema democrático, un acontecimiento de gran relevancia en la historia de la democracia en Occidente.

      Así, aunque la teoría social de Marx está en los orígenes de la sociología crítica, para Fernández Uría y Julia Varela, Marx y Engels "abandonaron la experimentación alternativa de los movimientos socialistas y sustituyeron sus proyectos educativos, y la propuesta de una vía pacífica al socialismo por la lucha de clases como motor de la historia. Promovieron el materialismo histórico, pero a la vez contemplaron a la sociedad desde el prisma unilateral de la guerra social. Ese prisma, hoy lo sabemos, lejos de facilitar la transición al socialismo se convirtió en su principal barrera. Marx y Engels pensaron el cambio social desde la óptica de la Revolución de 1789. Tomaron partido por el proletariado, sin darse cuenta de que las aspiraciones del proletariado formaban pare de los sueños de emancipación de toda la humanidad. Criticaron la explotación y la miseria generada por el capitalismo, pero también cuestionaron los derechos humanos como una idealización" (369).
        Como se señala en las reflexiones finales de este libro, la cuestión capital que se articula en la génesis e institucionalización de la sociología ha sido y es la de determinar si es compatible la democracia con el capitalismo.

CUESTIONES:
- ¿Podrías señalar algunas de las críticas y de las contribuciones del marxismo según Julia Varela y Fernando Álvarez?

Ampliación del contexto histórico del pensamiento de Karl Marx

      La primera fase de la Revolución Industrial se caracterizó por la producción de bienes de consumo -sobre todo textiles-, algo que explica que las revueltas obreras de la primera mitad del siglo XIX tuvieran muchas veces como protagonistas a tejedores o cardadores, enfrentados en ocasiones a la introducción de una maquinaria que amenazaba sus ya malas condiciones de trabajo.
      Así ocurrió en España, en 1821, cuando Marx tenía solo tres años, en la revuelta luddita de Alcoi. Alcoi era un importante centro lanero, de unos 18.000 habitantes, donde la implantación de la nueva maquinaria había provocado la revuelta de cardadores e hiladores. la destrucción de las nuevas máquinas se produjo también en otras localidades españolas. Se fusiló a los obreros, a los que se les aplicó un consejo de guerra, y se protegió con el ejército la instalación de las máquinas. Una Real Orden de mayo de 1824 recomendaba a los obispos que hicieran ver al pueblo lo conveniente de su utilización. Los tejedores dejaban de ser artesanos para ser asalariados sujetos a la disciplina industrial. La revuelta ludita ponía en cuestión la distinción entre el medio de producción y su modo social de explotación. Más que contra la máquina en sí, se luchaba contra las nuevas relaciones sociales de producción que el sistema de factoría generalizaba.

     En otros lugares de Europa también se produjeron graves estallidos de revuelta. En 1831 se producía la insurrección de los canuts (maestros tejedores), en la que los obreros de Lyon (Francia) tomaron durante un tiempo los poderes locales. También en 1844, en Renania (Prusia) se produjo la insurrección de los tejedores de Silesia, que analizaría el propio Marx.
        En 1848  culminará el aumento de la agitación obrera y campesina, produciéndose graves revueltas en París, donde la ciudad se llenó de barricadas y donde el ejército terminaría disparando contra los manifestantes. El 21 de febrero de 1848 apareció publicado en Londres el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, encargado por la Liga de los Comunistas; pero no hubo un movimiento revolucionario significativo en Inglaterra, cuyo sistema político había demostrado suficiente flexibilidad como para ir asumiendo las reivindicaciones de mayor participación (cartismo, Reform Acts). En Francia, los denominados socialistas utópicos (Proudhon, Saint-Simon, Louis Blanc) tuvieron un gran protagonismo en los acontecimientos de 1848. La novedad de esta revolución fue que durante un breve periodo del año 1848 pareció posible la puesta en práctica de un programa político diseñado a partir de la toma de conciencia de los intereses propios de la clase obrera. Como ha señalado Hobsbawm, el año 1848, la famosa "primavera de los pueblos", fue "la primera y última revolución europea en el sentido (casi) literal, la realización momentánea de los sueños de la izquierda, las pesadillas de la derecha, el derrocamiento virtualmente simultáneo de los viejos regímenes existentes en la mayor parte de la Europa occidental... Parecía ser la culminación y la consecuencia de la doble revolución (política e industrial)... Pero fracasó universal, rápida y definitivamente...".  A partir de 1848 comenzaría la "era del capital", la expansión de la economía capitalista a todo el mundo.
        La reconducción conservadora del proceso revolucionario y la fase expansiva en que el capitalismo entró en las dos décadas siguientes hicieron que este tipo de planteamientos no pudieran volver a tener posibilidades reales de ejecutarse hasta la Comuna de París de 1871. La Comuna gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle. El balance final fue de unos 30.000 muertos, y París estuvo sometida a la ley marcial durante cinco años. Marxistas y anarquistas consideraron a la Comuna como propia y la celebraronn como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de la Europa occidental.
           En el campo cultural, es la época del romanticismo de Víctor Hugo y de la denuncia social de las novelas de Charles Dickens (a pesar de sus frecuentes finales complacientes). El realismo sustituiría a la idealización romántica por la observación, la imaginación y el exagerado sentimentalismo por la descripción sobria de lo coriente, tal como haría Flaubert en Madame Bovary. En ciencia, destacaron los estudios sobre la electricidad, el calor y la luz (Faraday, Ampère o Fresnel). Charles Darwin publicó dos obras que tendrán un gran impacto, El origen de las especies (1859) y El origen del hombre (1871).

      La segunda fase de la Revolución Industrial se caracterizó por el paso a los bienes de consumo a los bienes de producción (especialmente químicos, siderúrgicos, eléctricos y mecánicos).  Para ello fue necesaria la expansión de la red ferroviaria y la formación de grandes grupos industriales (desarrollo de las sociedades anónimas y las concentraciones empresariales).  El colonialismo europeo alimentaría de materias primas a las nacientes industrias de la metrópoli (Gran Bretaña, Francia y Alemania se repartieron la práctica totalidad del continente africano). A la vez, se buscaba solucionar la superpoblación y el excedente de capitales. Creció el número de migraciones a ultramar de forma espectacular: millones de europeos, asiáticos y africanos cruzaron el mundo en busca de mejores condiciones de vida (especialmente a EE UU, Australia, Brasil...). Pero también se producen los primeros movimientos anticoloniales:  en 1857 se produce una gran rebelión armada en la India contra la dominación británica, conocida como la rebelión de los cipayos, que derivó en una verdadera guerra; y por otro lado, se forman los estados americanos (Brasil, Colombia, Chile, Ecuador...).También en la segunda mitad del siglo XIX destaca la Guerra de Secesión americana (1861-1865), que tuvo como una de sus causas la cuestión de la abolición de la esclavitud.