martes, 25 de abril de 2017

Sobre brujas, esclavos y campesinos sin tierra: el origen del capitalismo.

Intentando repensar, desde un punto de vista feminista, el análisis de la acumulación primitiva del capital de Marx, la historiadora feminista Silvia Federici ha analizado en su interesante libro "Calibán y la bruja" (2010), cómo la persecución de brujas en los siglos XVI y XVII, tanto en Europa como en el Nuevo Mundo, fue tan importante para el desarrollo del capitalismo como la colonización y la expropiación del campesinado europeo de sus tierras. La persecución de las brujas, al igual que la trata de esclavos y la expulsión del campesinado de sus tierras, condujeron a la formación del capitalismo (vinculado, desde entonces, con el sexismo, el racismo y la explotación laboral).
Cuestiones: 
- ¿En qué consiste la acumulación primitiva (u originaria) del capital?
- Tras leer la entrevista a Silvia Federici, responde a esta pregunta: ¿Qué conexión existe entre el asesinato de muchas mujeres acusadas de brujería con el nacimiento del capitalismo? ¿Cómo condicionó esa "caza de brujas" la posición social y económica de las mujeres en la Europa de los siglos posteriores? ¿Continúa existiendo en la actualidad?
Imagen relacionada
Preparación para el Aquelarre [Sabbat]. Grabado alemán del siglo XVI.

domingo, 16 de abril de 2017

La filosofía en el siglo XIX: Karl Marx

Para comenzar a conocer el pensamiento del filósofo y revolucionario Karl Marx (1818-1883), puedes ver este documental del programa "La aventura del pensamiento", presentado por Fernando Savater.


Cuestiones:
1. El pensador alemán Hegel fue una gran influencia para Marx ¿Pero qué diferenciaba al pensamiento de Marx del idealismo hegeliano?
2 ¿Qué dice la famosa 11ª tesis sobre Feuerbach? ¿Qué significa?
3. ¿Cómo define Savater el materialismo histórico de Marx?
4. ¿Sobre qué se asienta, según Marx, la ganancia capitalista?
5. Define los conceptos "fetichismo de la mercancía", "alienación" y "plusvalía"
6. ¿Qué significa la frase de Marx "Yo, desde luego, no soy marxista"?


Análisis crítico de la sociología marxista

  En el libro Sociología, capitalismo y democracia (Morata, 2004), un estudio sobre la génesis e institucionalización de la sociología en Occidente, los profesores Fernando Álvarez Uría y Julia Varela dedican un capítulo a la sociología de Marx. Allí señalan cómo se produjo el tránsito en Marx de la filosofía a la sociología política. 
      Al llegar a París, Marx había entrado en contacto con el socialismo francés y el movimiento obrero; y en los Manuscritos de 1844, Marx "retoma de los socialistas y de los economistas sociales la necesidad de introducir en el análisis del pauperismo un punto de vista a la vez sociológico y moral". En esa misma época (1843) Marx había conocido a Joseph Proudhon, hacia el que inicialmente sintió admiración; admiración que, tras la expulsión de Marx de Francia, se transformó en polémico enfrentamiento, al considerar al pensamiento proudhoniano como una mera expresión de la ideología pequeño-burguesa. Marx centró sus análisis en las relaciones capitalistas de producción, lejos de otras tradiciones culturales (sociedades de resistencia y apoyo mutuo, secciones y federaciones profesionales) a las que estaba más próximo Proudhon. Este último, que se convirtió en uno de los padres del anarquismo, rechazaba la delegación de poder en nombre de la democracia asamblearia y defendía la experimentación permanente; sostenía así un anti-estatalismo y un anti-electoralismo que Marx no compartía. Marx compartía con Proudhon la necesidad de una sociedad sin clases, pero mientras que Marx confiaba en la revolución proletaria basada en la lucha de clases, Proudhon apoyaba una revolución pacífica que pasaba por la formación, educación y experimentación de prácticas alternativas de los trabajadores asalariados. Por otro lado, frente al anarquismo, Marx mantuvo una percepción negativa del campesinado quizás explicable -según Fernández y Varela- "por su reacción contra los conservadores, contra los fisiócratas que defendían una concepción idealizada del mundo rural, al tiempo que intentaba romper, invirtiéndola, la dialéctica promovida por la burguesía que incesantemente trataba de enfrentar al "buen" campesino contra el "mal" obrero". 
     También en París, Marx vuelve a encontrarse con F. Engels, que había descubierto la condición proletaria en la cuna de la revolución industrial ("La situación de la clase obrera en Inglaterra" es una obra pionera y singular en la historia de la sociología occidental). Engels también había precedido a Marx a la hora de criticar los supuestos de la economía política clásica.


    Para Fernández y Varela, "la gran contribución del marxismo a la ciencia social fue abrir el nuevo continente de la historia". No obstante, tanto el mecanicismo economicista (la centralidad del mercado y la economía) como la apelación a la violencia revolucionaria (la entronización del modelo de guerra social en el análisis histórico) de muchos de sus seguidores han tenido en ocasiones efectos catastróficos. Así, un aspecto polémico en la obra de Marx es el desplazamiento que se produce en su pensamiento tras el fracaso de la revolución de febrero de 1848 y el triunfo de la contrarrevolución. A partir de entonces, el derrocamiento violento del orden social instituido desplazó los planteamientos democráticos del joven Marx, que rompió con el partido demócrata y pasó de la fraternidad democrática a la teoría de la guerra social. A partir de entonces el movimiento socialista se dividió en dos corrientes enfrentadas: el socialismo "revolucionario" y el socialismo "reformista o democrático". Para Marx, la revolución de 1848 supuso una derrota del movimiento obrero y el final de una república social y democrática. Para otros analistas sociales, por el contrario, constituyó el comienzo del sistema democrático, un acontecimiento de gran relevancia en la historia de la democracia en Occidente.

      Así, aunque la teoría social de Marx está en los orígenes de la sociología crítica, para Fernández Uría y Julia Varela, Marx y Engels "abandonaron la experimentación alternativa de los movimientos socialistas y sustituyeron sus proyectos educativos, y la propuesta de una vía pacífica al socialismo por la lucha de clases como motor de la historia. Promovieron el materialismo histórico, pero a la vez contemplaron a la sociedad desde el prisma unilateral de la guerra social. Ese prisma, hoy lo sabemos, lejos de facilitar la transición al socialismo se convirtió en su principal barrera. Marx y Engels pensaron el cambio social desde la óptica de la Revolución de 1789. Tomaron partido por el proletariado, sin darse cuenta de que las aspiraciones del proletariado formaban pare de los sueños de emancipación de toda la humanidad. Criticaron la explotación y la miseria generada por el capitalismo, pero también cuestionaron los derechos humanos como una idealización" (369).
        Como se señala en las reflexiones finales de este libro, la cuestión capital que se articula en la génesis e institucionalización de la sociología ha sido y es la de determinar si es compatible la democracia con el capitalismo.

CUESTIONES:
- ¿Podrías señalar algunas de las críticas y de las contribuciones del marxismo según Julia Varela y Fernando Álvarez?

Ampliación del contexto histórico del pensamiento de Karl Marx

      La primera fase de la Revolución Industrial se caracterizó por la producción de bienes de consumo -sobre todo textiles-, algo que explica que las revueltas obreras de la primera mitad del siglo XIX tuvieran muchas veces como protagonistas a tejedores o cardadores, enfrentados en ocasiones a la introducción de una maquinaria que amenazaba sus ya malas condiciones de trabajo.
      Así ocurrió en España, en 1821, cuando Marx tenía solo tres años, en la revuelta luddita de Alcoi. Alcoi era un importante centro lanero, de unos 18.000 habitantes, donde la implantación de la nueva maquinaria había provocado la revuelta de cardadores e hiladores. la destrucción de las nuevas máquinas se produjo también en otras localidades españolas. Se fusiló a los obreros, a los que se les aplicó un consejo de guerra, y se protegió con el ejército la instalación de las máquinas. Una Real Orden de mayo de 1824 recomendaba a los obispos que hicieran ver al pueblo lo conveniente de su utilización. Los tejedores dejaban de ser artesanos para ser asalariados sujetos a la disciplina industrial. La revuelta ludita ponía en cuestión la distinción entre el medio de producción y su modo social de explotación. Más que contra la máquina en sí, se luchaba contra las nuevas relaciones sociales de producción que el sistema de factoría generalizaba.

     En otros lugares de Europa también se produjeron graves estallidos de revuelta. En 1831 se producía la insurrección de los canuts (maestros tejedores), en la que los obreros de Lyon (Francia) tomaron durante un tiempo los poderes locales. También en 1844, en Renania (Prusia) se produjo la insurrección de los tejedores de Silesia, que analizaría el propio Marx.
        En 1848  culminará el aumento de la agitación obrera y campesina, produciéndose graves revueltas en París, donde la ciudad se llenó de barricadas y donde el ejército terminaría disparando contra los manifestantes. El 21 de febrero de 1848 apareció publicado en Londres el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, encargado por la Liga de los Comunistas; pero no hubo un movimiento revolucionario significativo en Inglaterra, cuyo sistema político había demostrado suficiente flexibilidad como para ir asumiendo las reivindicaciones de mayor participación (cartismo, Reform Acts). En Francia, los denominados socialistas utópicos (Proudhon, Saint-Simon, Louis Blanc) tuvieron un gran protagonismo en los acontecimientos de 1848. La novedad de esta revolución fue que durante un breve periodo del año 1848 pareció posible la puesta en práctica de un programa político diseñado a partir de la toma de conciencia de los intereses propios de la clase obrera. Como ha señalado Hobsbawm, el año 1848, la famosa "primavera de los pueblos", fue "la primera y última revolución europea en el sentido (casi) literal, la realización momentánea de los sueños de la izquierda, las pesadillas de la derecha, el derrocamiento virtualmente simultáneo de los viejos regímenes existentes en la mayor parte de la Europa occidental... Parecía ser la culminación y la consecuencia de la doble revolución (política e industrial)... Pero fracasó universal, rápida y definitivamente...".  A partir de 1848 comenzaría la "era del capital", la expansión de la economía capitalista a todo el mundo.
        La reconducción conservadora del proceso revolucionario y la fase expansiva en que el capitalismo entró en las dos décadas siguientes hicieron que este tipo de planteamientos no pudieran volver a tener posibilidades reales de ejecutarse hasta la Comuna de París de 1871. La Comuna gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle. El balance final fue de unos 30.000 muertos, y París estuvo sometida a la ley marcial durante cinco años. Marxistas y anarquistas consideraron a la Comuna como propia y la celebraronn como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de la Europa occidental.
           En el campo cultural, es la época del romanticismo de Víctor Hugo y de la denuncia social de las novelas de Charles Dickens (a pesar de sus frecuentes finales complacientes). El realismo sustituiría a la idealización romántica por la observación, la imaginación y el exagerado sentimentalismo por la descripción sobria de lo coriente, tal como haría Flaubert en Madame Bovary. En ciencia, destacaron los estudios sobre la electricidad, el calor y la luz (Faraday, Ampère o Fresnel). Charles Darwin publicó dos obras que tendrán un gran impacto, El origen de las especies (1859) y El origen del hombre (1871).

      La segunda fase de la Revolución Industrial se caracterizó por el paso a los bienes de consumo a los bienes de producción (especialmente químicos, siderúrgicos, eléctricos y mecánicos).  Para ello fue necesaria la expansión de la red ferroviaria y la formación de grandes grupos industriales (desarrollo de las sociedades anónimas y las concentraciones empresariales).  El colonialismo europeo alimentaría de materias primas a las nacientes industrias de la metrópoli (Gran Bretaña, Francia y Alemania se repartieron la práctica totalidad del continente africano). A la vez, se buscaba solucionar la superpoblación y el excedente de capitales. Creció el número de migraciones a ultramar de forma espectacular: millones de europeos, asiáticos y africanos cruzaron el mundo en busca de mejores condiciones de vida (especialmente a EE UU, Australia, Brasil...). Pero también se producen los primeros movimientos anticoloniales:  en 1857 se produce una gran rebelión armada en la India contra la dominación británica, conocida como la rebelión de los cipayos, que derivó en una verdadera guerra; y por otro lado, se forman los estados americanos (Brasil, Colombia, Chile, Ecuador...).También en la segunda mitad del siglo XIX destaca la Guerra de Secesión americana (1861-1865), que tuvo como una de sus causas la cuestión de la abolición de la esclavitud.

sábado, 18 de marzo de 2017

"Los sueños de un visionario"

"Tampoco la razón humana está suficientemente dotada de alas como para atravesar nubes tan altas como las que nos ocultan los secretos del otro mundo; y a los curiosos que tan solícitamente piden noticias sobre ellos, se les puede dar una respuesta sencilla, pero muy natural: que lo más aconsejable sería que se dignaran tener paciencia hasta haber llegado allí. Pero como es probable que nuestro destino en el otro mundo pueda depender en gran medida de cómo hayamos administrado nuestros cargos en éste, concluyo con aquello que Voltaire hace decir al final a su honrado Cándido después de tantas inútiles controversias: ¡Ocupémonos de nuestra felicidad, vayamos al jardín y trabajemos!"
I. Kant, Los sueños de un visionario (1766).
   
En 1743, el visionario sueco Emmanuel Swedenborg, según su propio testimonio, recibió una "llamada divina" para consagrarse por entero a la difusión de las revelaciones que le habían sido hechas y a propagar la interpretación, según su "sentido interno", de las Sagradas Escrituras. A partir de esa fecha, Swedenborg entra en contacto con espíritus y ángeles con los que pretendidamente dialoga. Entre 1749 y 1756 publica Arcania Caelestia, en ocho volúmenes, donde explica el sentido oculto y verdadero de los libros del Génesis y del Éxodo.
    En 1766, el filósofo alemán I. Kant escribe Los sueños de un visionario, donde realiza una irónica crítica de la obra del visionario sueco (no exenta de comprensión), un capítulo más de la batalla librada por los ilustrados contra las supersticiones y el oscurantismo religioso. De la lectura de los Arcania Caelestia, Kant extrae su convencimiento en la necesidad de respetar los límites de la razón humana impuestos por la naturaleza. Frente a los "soñadores de la razón", entre los que incluye a los metafísicos, Kant advierte que quizás la naturaleza haya seguido obrando sabiamente al impedirnos volar (alejándonos del supuesto mundo de los espíritus y los ángeles); quizás "la esperanza de un mundo distinto y mejor esté fundamentada, no en la existencia, visionada o especulada, de lo trascendente, sino en la conciencia moral de todo hombre".

martes, 14 de marzo de 2017

"Dialéctica de la Ilustración": una lectura contemporánea al texto de Kant "¿Qué es la Ilustración?


“Dialéctica de la Ilustración”: crítica a la razón instrumental.

Dialéctica de la Ilustración (1944) es una obra escrita por Theodor Adorno y Max Horkheimer, autores pertenecientes a la llamada Teoría crítica, corriente conectada con un compromiso social emancipatorio frente al auge de los fascismos en Europa en los años 30 del siglo XX. En sus páginas encontraremos un análisis crítico de la cultura de masas y del fascismo en el que se hace una referencia crítica al concepto kantiano de Ilustración e Iluminismo. El destierro, el genocidio nazi y la guerra son factores que influyeron decisivamente en el pensamiento de Horkheimer y Adorno y el reflejo del fracaso de nuestra civilización (“¿Es posible la filosofía después de Auschwitz?”). Según Adorno y Horkheimer, la razón moderna occidental ha funcionado en ocasiones como un mecanismo de dominio sobre la naturaleza y el otro. El concepto de razón dominante ha funcionado en relación con un sistema de poder cultural y político, en el cual, tener razón supone tener autoridad. Es por esto por lo que el poder del conocimiento científico-racional se ha puesto en ocasiones al servicio de los intereses de un sistema autoritario.

    La Dialéctica de la Ilustración es un intento de poner de manifiesto la irracionalidad de un mundo opresor, de una sociedad que paulatinamente ha devenido lo contrario de su propósito inicial, a saber, el progreso y la emancipación por medio de la razón. La Dialéctica de la Ilustración tiene su origen en un hecho traumático para Adorno y Horkheimer, la constatación de la capacidad demoledora del género humano que, contra el proyecto ilustrado de emancipación, no camina hacia una convivencia razonable, ni cimenta la edificación de una sociedad libre, sino que se dirige hacia su plena aniquilación.

     No debemos separar a la razón occidental de las formas históricas concretas y las instituciones sociales en que se halla inmersa. La razón nació desde un principio mutilada por el interés del hombre de dominar la naturaleza y este anhelo de dominio enfermó a la razón: «La racionalidad propia de la Ilustración es la de un conocimiento técnico-instrumental» (un conocimiento que considera cognoscible cuanto es manipulable, siendo los criterios de manipulación y control, el cálculo y la utilidad, los dominantes). No hay ninguna pregunta sobre si los objetivos que se buscan son en si mismos razonables o no, si hacen referencia a intereses generales o particulares, si agrava o suaviza los conflictos sociales, si preserva o destruye el medio natural... «Lo que nos habíamos propuesto era nada menos que comprender por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un nuevo género de barbarie”.

     Así, en el siglo XX, la guerra mundial y la barbarie nazi habían quebrado la confianza en la razón humana y había expulsado el optimismo racionalista, herencia de la ilustración. Así, el filósofo alemán T.W. Adorno llegó a afirmar que el nuevo imperativo después del nazismo era orientar el pensamiento y la acción para evitar que esa aberración pueda repetirse. La ética – para Adorno- debería nacer de la reacción contra el dolor de los otros y no de una esfera fría y abstracta de la razón. La profunda crisis de valores que se abrió tras la Segunda Guerra Mundial y el relativismo ético político que se extendió por Europa, quedó en parte compensado por el resurgir de los movimientos sociales y la efervescencia de una visión marxista de la historia cargada de esperanza emancipatoria.
 
Fuente: 
Esther Barahona Arriaza, “Razón, verdad y crítica: momentos epistemológicos en la «Dialéctica de la Ilustración» de M. Horkheimer y Th. W. Adorno”, Anales Seminario Metafísica, n.º 30, 1996.
Esther Barahona Arriaza, “Razón, verdad y crítica: momentos epistemológicos en la «Dialéctica de la Ilustración» de M. Horkheimer y Th. W. Adorno”, Anales Seminario Metafísica, n.º 30, 1996.

Michel Foucault. Una lectura contemporánea del texto de Kant "¿Qué es la Ilustración?"


Michel Foucault y la respuesta de Kant al problema de la Ilustración.
En 1993 la revista francesa Magazine Littéraire publicaba en su dossier "Kant y la modernité" (nº 309, abril 1993, pp. 61-74) la transcripción de un seminario (1983) del pensador francés Michel Foucault (1926-1984), en el que subrayaba el interés del artículo de Kant "¿Qué es la Ilustración?":
Ocurre en nuestro tiempo que cuando un diario plantea una pregunta a sus lectores, lo hace para solicitarles su punto de vista en relación con algún tema, sobre el cual cada quien ya tiene su opinión formada. En este caso, quien responde no corre ningún riesgo al no poder informar o enseñar nada nuevo con su respuesta. En el siglo XVIII se prefería interrogar al público sobre auténticos problemas; es decir, preguntas referidas a temas sobre las cuales aún no se tenían respuestas. No sabría decir si esto era más eficaz, pero en todo caso era más entretenido.
Siguiendo esta última costumbre, el periódico alemán Berlinische Monatschrift publicó, en el mes de noviembre de 1784, una respuesta a la pregunta Was ist Aufklärung? El autor de la respuesta era Kant (...). Foucault señala que este ámbito, el periodismo filosófico en el que se inicia Kant, es uno de los modos de ejercer públicamente la reflexión filosófica (especialmente importante en el siglo XIX). La manera en que Kant plantea la cuestión de la Ilustración es diferente de otras formas anteriores de reflexionar sobre el propio presente por la tradición filosófica: la define de una forma negativa, como una “salida”, un final. Busca la diferencia que introduce la actualidad de su época respecto al pasado. Esa salida se presenta de forma ambigua en el escrito de Kant: como un proceso histórico en desarrollo y como una tarea y obligación; es decir, como un proceso en el que formamos parte colectivamente y como una tarea personal. ¿Cuál es, entonces, este evento que denominamos Aufklärung y que ha determinado, al menos parcialmente, lo que somos, lo que pensamos y lo que hacemos hoy día? (...) La hipótesis que quisiera proponer es que ese pequeño texto de Kant se encuentra, de alguna manera, sobre la línea que une los planos de la reflexión crítica y de la reflexión sobre la historia. Es una reflexión de Kant sobre la actualidad de su propia empresa filosófica. Sin duda que no es la primera vez que un filósofo ha dado las razones que le llevan a emprender su obra en tal o cual momento. Pero me parece que es la primera vez que un filósofo reúne, de manera estrecha y desde el interior, el significado de su obra en relación con el conocimiento, una reflexión sobre la historia y un análisis particular del momento singular en el que escribe y por causa del cual escribe. Me parece que la novedad de ese texto es la reflexión sobre el “hoy” como diferencia en la historia y como motivo para una tarea filosófica particular. Al mirar ese texto del modo que propongo, me parece que se puede reconocer en él un punto de partida: el esbozo de lo que pudiera llamarse la actitud de modernidad.
Foucault reivindicó como tarea y distintivo de la filosofía contemporánea la crítica histórico-política de la propia época (mediante el análisis histórico y la actitud práctica reflejados en las transformaciones acontecidas en dominios que conciernen a modos de ser y pensar, relaciones de autoridad, relaciones entre sexos, la manera en que percibimos la locura o la enfermedad…). “La crítica de lo que somos es a la vez análisis histórico de los límites que nos son impuestos y prueba de su posible franqueamiento”. En la Ilustración se enraiza un tipo de interrogación filosófica que “problematiza a la vez la relación con el presente, el modo de ser histórico y la constitución de sí mismo como sujeto autónomo”; una actitud filosófica caracterizada como crítica permanente de nuestro ser histórico; un pensamiento de los límites: ¿lo que nos es dado como universal, necesario, obligatorio, ¿en qué medida es singular, contingente y debido a construcciones arbitrarias?