Hemos visto la cuestión del trabajo en algunas entradas relacionadas con el marxismo. Otro gran pensador del siglo XIX, Friedrich Nietzsche, adoptó un enfoque moral y vitalista para hablar del trabajo. A continuación, podéis leer algunas de sus reflexiones recogidas en el cómic sobre Nietzsche elaborado por Onfray y LeRoy. Lo podéis pedir en préstamo en la biblioteca del Centro.
On se rend maintenant très bien compte, à l'aspect du travail -c'est à dire à ce dur labeur du matin au soir- que cela constitue la meilleure des polices, qu'il tient chacun en bride et s'etend à entraver puissamment le développement de la raison, des désirs, du goût de l'independence.
Car il (le travail) consume une extraordinaire quantité de force nerveuse et la soustraite à la réflexion, à la meditation, à la réverie, aux soucis, à l'amour et à l'haine, il place toujours devant les yeux un but mesquin, et assure des satisfactions faciles et régulières.
Ainsi, une societé où l'on travaille dur en permanence jouira d'une plus grand sécurité: et l'on adore aujourd'hui la securité comme la divinité supreme...
"Materiales de Historia de la Filosofía". Blog destinado en principio al alumnado de 2º de bachillerato, aunque abierto a cualquier interesado en la temática filosófica. Este blog no tiene fin lucrativo, sino educativo. Ninguna sección incluye publicidad ni posee carácter comercial. En los materiales que no sean de elaboración propia aparecerá citada la fuente de procedencia. Los materiales propios pueden utilizarse libremente citando su procedencia.
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martes, 11 de marzo de 2014
viernes, 5 de octubre de 2012
Elogio de la ociosidad
En la entrada del libro VI y VII de La República de Platón, comentábamos como, según éste, los gobernantes debían ser, entre otras cosas, "amantes en todo sentido del trabajo", aunque también señalaba que "en el alma no permanece nada que
se aprenda coercitivamente"(536e). Añadía Platón que se debía educar a los
niños jugando.
El otro día comentábamos un texto del filósofo inglés Bertrand Russell titulado Elogio de la ociosidad, que acababa con una invitación a los jóvenes a "no hacer nada". Una afirmación que en la actualidad puede parecer algo controvertida. No obstante, Russell criticaba en su artículo la ociosidad como prerrogativa de clases privilegiadas, la que "sólo resulta posible gracias a la laboriosidad de otros". La ociosidad debe ser "un derecho equitativamente repartido entre toda la comunidad". Los poderosos "encuentran continuamente nuevos proyectos en nombre de los cuales la ociosidad presente haya de sacrificarse a la productividad futura". La capacidad para la alegría y los juegos ha sido inhibida por el "culto a la eficiencia". Todo (estudiar, por ejemplo) debe hacerse por una razón determinada (un lejano futuro), y nunca por sí mismo (aprender). Russell propone que las horas de trabajo sean reducidas a cuatro y el resto del tiempo sea empleado en lo que cada uno crea conveniente (satisfacer su curiosidad científica, pintar, jugar simplemente...).
También os invité a hacer una pequeña disertación sobre una afirmación que aparecía en el texto: "En el mundo se ha trabajado demasiado". A continuación os dejo algunos materiales que pueden aportar ideas para vuestra reflexión.
Pinchando en el título de la obra de Russell podéis leer entero su artículo. Si pincháis en el título Trabajo de las entradas antiguas de este blog podréis conocer las ideas de autores como Nietzsche, Lafargue o Bakunin sobre esta cuestión.
En esta entrada quisiera dejaros también otros textos e ideas por si os son útiles para resolver este debate entre el ocio y el trabajo:
- Como señalaba Luisgé Martín en las páginas de El País, si hace unas décadas se hablaba de reducir las horas de trabajo y promover "la civilización del ocio", en la actualidad nuestro gobierno nos quiere inculcar lo que denomina "la cultura del esfuerzo" (para "levantar el país", o lo que es lo mismo, sanear a sus bancos). Además,
Por otro lado, la pereza, el ocio, el "no hacer nada" es aparentemente lo contrario de la idea de "aprovechar el tiempo". Otro texto sugerente en torno a esto último es la explicación que el jefe samonano Tuiavii de Tiavea daba a los miembros de su tribu sobre las costumbres de los atareados "papalagi" (hombres blancos), tras su estancia en Europa.
También os propuse reflexionar sobre la irracionalidad económica y social del paro y la exclusión social que produce.
Y me gustaría animaros a estudiar, a reflexionar, a confundir vuestro esfuerzo con un ocio placentero y relajado, pues vuestro esfuerzo es y será muy necesario personal y socialmente. Así lo expresaba el lema de la revista L'Ordine Nuovo (1919), en la que colaboraba el filósofo A. Gramsci, dirigiéndose a los jóvenes obreros italianos:
Cuestiones:
-Realiza una breve disertación sobre la afirmación de Russell "En el mundo se ha trabajado demasiado".
-Comenta y valora algunos de los textos propuestos arriba.
El otro día comentábamos un texto del filósofo inglés Bertrand Russell titulado Elogio de la ociosidad, que acababa con una invitación a los jóvenes a "no hacer nada". Una afirmación que en la actualidad puede parecer algo controvertida. No obstante, Russell criticaba en su artículo la ociosidad como prerrogativa de clases privilegiadas, la que "sólo resulta posible gracias a la laboriosidad de otros". La ociosidad debe ser "un derecho equitativamente repartido entre toda la comunidad". Los poderosos "encuentran continuamente nuevos proyectos en nombre de los cuales la ociosidad presente haya de sacrificarse a la productividad futura". La capacidad para la alegría y los juegos ha sido inhibida por el "culto a la eficiencia". Todo (estudiar, por ejemplo) debe hacerse por una razón determinada (un lejano futuro), y nunca por sí mismo (aprender). Russell propone que las horas de trabajo sean reducidas a cuatro y el resto del tiempo sea empleado en lo que cada uno crea conveniente (satisfacer su curiosidad científica, pintar, jugar simplemente...).
También os invité a hacer una pequeña disertación sobre una afirmación que aparecía en el texto: "En el mundo se ha trabajado demasiado". A continuación os dejo algunos materiales que pueden aportar ideas para vuestra reflexión.
Pinchando en el título de la obra de Russell podéis leer entero su artículo. Si pincháis en el título Trabajo de las entradas antiguas de este blog podréis conocer las ideas de autores como Nietzsche, Lafargue o Bakunin sobre esta cuestión.
En esta entrada quisiera dejaros también otros textos e ideas por si os son útiles para resolver este debate entre el ocio y el trabajo:
- Como señalaba Luisgé Martín en las páginas de El País, si hace unas décadas se hablaba de reducir las horas de trabajo y promover "la civilización del ocio", en la actualidad nuestro gobierno nos quiere inculcar lo que denomina "la cultura del esfuerzo" (para "levantar el país", o lo que es lo mismo, sanear a sus bancos). Además,
"Hoy se nos pide que trabajemos más horas —por menos dinero—, que agrupemos las fiestas para no distraernos, que nos jubilemos más tarde e incluso que no nos enfermemos si queremos cobrar nuestro salario... La única respuesta sensata a este panorama desolador es la pereza. El enaltecimiento social de la ociosidad y la holgazanería. Es posible que para competir hoy con China o con India tengamos que trabajar más, pero si es así es porque antes se hicieron las cosas mal, porque se abrieron las compuertas de la globalización torcidamente, no porque haya sido inexorable. Vivimos en sociedades ya lo suficientemente ricas y tecnificadas como para que pueda considerarse con seriedad el establecimiento de una renta básica universal, un salario que se cobre simplemente por ser ciudadano del país. Los suizos —que no son extraterrestres ni leninistas— acaban de tomarlo en consideración. Nos convertiríamos así en rentistas de la herencia de nuestros antepasados, y nos podríamos dedicar, como los aristócratas de antes, al diletantismo. Por supuesto, quien quisiera trabajar ganaría más dinero, podría comprarse coches de lujo y tener casas más grandes. Pero lo haría por propia elección, no por fatalidad.
Es falso que el trabajo dignifique. Trabajar —es la parte que más me gusta de la Biblia— es un castigo divino, una maldición que empobrece la mayoría de las vidas. Incluso las tareas más nobles, como la creación artística, se convierten en algo desagradable cuando se hacen a cambio de un salario. La verdadera humanización de nuestras sociedades está en el ocio, en la vacación, en la disposición libre de nuestro tiempo para ocuparlo en lo que deseemos, sea hacer transacciones financieras delante de un ordenador o leer un libro debajo de un árbol.
Ése debería ser a mi juicio el derrotero ideológico de la izquierda europea, como quería Paul Lafargue: el elogio de la pereza. Impedir la competencia con países donde rige el esclavismo laboral, atajar la economía especulativa y propiciar la distribución racional del trabajo. Pero para ello, antes que nada, hay que reconquistar la senda de la cohesión social, porque no es que no haya dinero para pagar el bienestar, como se nos dice cada día, sino que ese dinero está mal repartido. Tony Judt recordaba que en 1968 el director ejecutivo de una compañía como General Motors ganaba sesenta y seis veces más que un trabajador medio de esa empresa, mientras que en nuestros días el director ejecutivo de una firma semejante gana novecientas veces más. Con estas cifras, las crisis serán perpetuas".
"(Los papalagi) No permiten que el tiempo venga a ellos, sino que lo persiguen con las manos extendidas. No se permite malgastar el tiempo tumbándose al sol. Siempre quieren mantenerlo en sus brazos, darle y dedicarle canciones e historias. Pero el tiempo es tranquilidad y paz amorosa, amar, descansar y tenderse en una estera imperturbable. Los Papalagi no han entendido al tiempo y, por consiguiente, lo han maltratado con sus bárbaras prácticas. ¡OH, mis hermanos amados!, nosotros nunca nos hemos lamentado del tiempo, lo hemos amado como era, sin perseguirlo o cortarlo en rebanadas. Nunca nos da preocupación o pesadumbre. Si hay entre vosotros alguno que no tiene tiempo, ¡dejadle que hable! Nosotros tenemos tiempo en abundancia, siempre estamos satisfechos con el tiempo que tenemos, no pedimos más tiempo del que ya hay y siempre tenemos tiempo suficiente. Sabemos que alcanzaremos nuestras metas a tiempo y que el Gran Espíritu nos llamará cuando perciba que es nuestro plazo, incluso si no sabemos el número de lunas gastadas. Debemos liberar al engañado Papalagi de sus desilusiones y devolverle el tiempo. Cojamos sus pequeñas y redondas máquinas del tiempo, aplastémoslas y digámosles que hay más tiempo entre el amanecer y el ocaso del que un hombre ordinario puede gastar.Por último, leímos en clase (2º D) un pequeño texto de B. Labbé y M. Puech, Piruletas de Filosofía (Ediciones S/M), titulado precisamente "Aprovechar el tiempo":
"Cuando no tenemos nada que hacer y nos aburrimos, nos damos cuenta de que el tiempo pasa. Porque entonces pasa lentamente, demasiado lentamente. Aburrirse enseña todo lo que ocupa el tiempo, justamente porque está vacío. Y en ese vacío los pensamientos pueden moverse al fin y podemos soñar. Juan estaba ese tiempo vacío, en el que pudo soñar que volaba. Pudo imaginar proyectos con su padre, pudo imaginar el futuro, desearlo. Jamás hubiera podido pensar en eso haciendo judo, resolviendo ejercicios de matemáticas o viendo la televisión. El hombre que no se toma tiempo para pensar difícilmente puede construir proyectos. No espera demasiado del futuro. Para pensar hace falta tiempo. Tiempo libre, tiempo vacío. Un tiempo que podemos encontrar cuando no se tiene nada que hacer. Pero esos momentos son muy escasos. Todo el mundo tiene lo que se suele llamar un "horario", ¡y es raro que en el horario haya recuadros con espacio para escribir "tiempo para soñar", "tiempo para no hacer nada"!"Por último, os comentaba en clase la importancia de replantearse esa división de nuestras sociedades industrializadas entre el ocio y el trabajo, de redistribuir mejor el trabajo y cuestionar su valoración, la explotación que en muchas ocasiones conlleva, en nuestras sociedades capitalistas. En esto nos puede ayudar mucho la lucha feminista para la emancipación, de mujeres y hombres, de una sociedad y cultura alienantes y deshumanizadoras. Francisco Fernández Buey subrayaba hace tiempo "la vindicación feminista (pero no sólo feminista) de cambiar los tiempos del trabajo y del ocio, los tiempos que dedicamos actualmente al cuidado de los otros, sobre todo de nuestros mayores, y a la atención de uno mismo, los tiempos de lo público y lo privado" (El Viejo Topo, 297, oct 2012, p. 49).
También os propuse reflexionar sobre la irracionalidad económica y social del paro y la exclusión social que produce.
Y me gustaría animaros a estudiar, a reflexionar, a confundir vuestro esfuerzo con un ocio placentero y relajado, pues vuestro esfuerzo es y será muy necesario personal y socialmente. Así lo expresaba el lema de la revista L'Ordine Nuovo (1919), en la que colaboraba el filósofo A. Gramsci, dirigiéndose a los jóvenes obreros italianos:
Instrúyanse porque tenemos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza".
Cuestiones:
-Realiza una breve disertación sobre la afirmación de Russell "En el mundo se ha trabajado demasiado".
-Comenta y valora algunos de los textos propuestos arriba.
sábado, 21 de abril de 2012
Actualidad: el mundo del trabajo (II)
Hemos comentado en clase algunas cuestiones en torno al trabajo en el modo de producción capitalista y las críticas de Marx. Por ello quería dejaros aquí algunas reflexiones:
Intentar conectar la educación con el mundo del trabajo, como han
intentado distintas pedagogías ligadas al movimiento obrero, no es lo
mismo que subordinar la educación al "mercado de trabajo" o con el
empleo. No debemos confundir trabajo con empleo renumerado, ni con la
sociedad salarial, que son meras formas históricas de esta actividad
necesaria que hemos llamado trabajo (Paco Puche, Decrecimiento y ocio, 2010). Además, la actividad laboral, como señalaba Marx, debería ser productiva, pero también autorrealizadora y socializante.
Nuestro modo de vida capitalista no solo secuestra nuestro tiempo de vida en un trabajo en muchas ocasiones alienante, sino que también existe un capitalismo cultural que ocupa nuestros cerebros con contenidos prefabricados, dentro de unos medios de comunicación y productos de entretenimiento que han ido aumentando su concentración oligopólica en unas pocas grandes empresas.
Nos invitan a trabajar sin descanso y a divertirnos sin parar, convirtiéndonos en consumidores siempre insatisfechos.
Pero nos faltan otros tiempos para la vida: para el pensamiento, para deliberar, discutir y fomentar el asamblearismo local, para nuestros afectos, para el juego, para gozar de la naturaleza, para la belleza y el conocimiento, para la rebelión y la disidencia...
Señalaba Lafargue en su Derecho a la pereza (1880) que la obsesión por el trabajo en la sociedad capitalista sólo nos precipitaba "a las crisis industriales de superproducción que convulsionan el organismo social". Algo así ha pasado en España, afanándonos en construir y construir viviendas que ahora nadie habita y que han arruinado a sus promotores. "El sobretrabajo realizado durante el periodo de la pretendida prosperidad -añadía Lafargue- es la causa de la miseria presente... En lugar de aprovechar los momentos de crisis para una distribución general de los productos y un regocijo universal, los obreros, reventando de hambre, van a dar cabezazos a la puerta del taller". La máquina se convierte en instrumento de servidumbre, su productividad nos empobrece. El obrero debe competir con la máquina, redoblando su ardor.
Quizás hoy deberíamos también lanzar esta plegaria de Lafargue:
¡Oh, Pereza, ten piedad de nuestra larga miseria! ¡Oh, Pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé el bálsamo de las angustias humanas!
Respecto a una cuestión que planteábais en torno a la distribución del trabajo y sobre quíen realizaría el trabajo desagradable, el revolucionario anarquista P. Kropotkin afirmaba:
- ¿Podrías poner algunos ejemplos de trabajos de importancia social no renumerados ?
- ¿Qué opinas sobre la defensa de Lafargue del "derecho a la pereza"?
- ¿Qué opina Kropotkin acerca de la cuestión de quienes deberían realizar los trabajos desagradables?
Nuestro modo de vida capitalista no solo secuestra nuestro tiempo de vida en un trabajo en muchas ocasiones alienante, sino que también existe un capitalismo cultural que ocupa nuestros cerebros con contenidos prefabricados, dentro de unos medios de comunicación y productos de entretenimiento que han ido aumentando su concentración oligopólica en unas pocas grandes empresas.
Nos invitan a trabajar sin descanso y a divertirnos sin parar, convirtiéndonos en consumidores siempre insatisfechos.
Pero nos faltan otros tiempos para la vida: para el pensamiento, para deliberar, discutir y fomentar el asamblearismo local, para nuestros afectos, para el juego, para gozar de la naturaleza, para la belleza y el conocimiento, para la rebelión y la disidencia...
Señalaba Lafargue en su Derecho a la pereza (1880) que la obsesión por el trabajo en la sociedad capitalista sólo nos precipitaba "a las crisis industriales de superproducción que convulsionan el organismo social". Algo así ha pasado en España, afanándonos en construir y construir viviendas que ahora nadie habita y que han arruinado a sus promotores. "El sobretrabajo realizado durante el periodo de la pretendida prosperidad -añadía Lafargue- es la causa de la miseria presente... En lugar de aprovechar los momentos de crisis para una distribución general de los productos y un regocijo universal, los obreros, reventando de hambre, van a dar cabezazos a la puerta del taller". La máquina se convierte en instrumento de servidumbre, su productividad nos empobrece. El obrero debe competir con la máquina, redoblando su ardor.
Quizás hoy deberíamos también lanzar esta plegaria de Lafargue:
¡Oh, Pereza, ten piedad de nuestra larga miseria! ¡Oh, Pereza, madre de las artes y de las nobles virtudes, sé el bálsamo de las angustias humanas!
Respecto a una cuestión que planteábais en torno a la distribución del trabajo y sobre quíen realizaría el trabajo desagradable, el revolucionario anarquista P. Kropotkin afirmaba:
“El exceso de trabajo repugna a la naturaleza humana, pero no el trabajo. El exceso de trabajo para proveer a una minoría los lujos, pero no el trabajo que origina el bienestar de todos. El trabajo, la labor, es una necesidad psicológica; la necesidad de gastar la energía física acumulada; una necesidad que es en sí la salud y la vida. Si tantas clases de trabajo útil son hechas ahora de mala gana, es únicamente porque imponen un exceso de trabajo o no están bien organizadas. Nosotros sabemos -el viejo Franklin lo sabía también-, que cuatro horas de trabajo útil por día son más que suficientes para que todo el mundo pueda gozar del bienestar de una casa, de una familia verdaderamente acomodada de la clase media, si todos nosotros nos dedicáramos a un trabajo productivo y no derrochásemos nuestras fuerzas productivas, como hacemos ahora. En cuanto a la cándida cuestión que desde unos cincuenta años se viene sosteniendo de ¿quién hará el trabajo desagradable?, yo lamento francamente que ninguno de nuestros sabios se haya visto obligado a hacerlo, aunque fuera tan solo por un día. Si hay todavía trabajo que es desagradable en sí, es únicamente porque nuestros científicos no han querido pensar en los medios para hacerlo menos desagradable; han sabido siempre que había una multitud de hambrientos que harían aquellos trabajos por unos cuantos céntimos al día”CUESTIONES:
- ¿Podrías poner algunos ejemplos de trabajos de importancia social no renumerados ?
- ¿Qué opinas sobre la defensa de Lafargue del "derecho a la pereza"?
- ¿Qué opina Kropotkin acerca de la cuestión de quienes deberían realizar los trabajos desagradables?
miércoles, 18 de enero de 2012
Resumen del Segundo Tratado sobre el gobierno, Iª parte :-)
"Un ensayo sobre el verdadero origen, alcance y fin del gobierno civil". Este es el subtítulo del Segundo tratado sobre el gobierno escrito por John Locke y publicado en 1690, tras el triunfo de la Revolución Gloriosa en Inglaterra. Ésta es una obra central del pensamiento político occidental, referencia teórica de muchos movimientos civiles desarrollados en los años posteriores.
Los principales puntos de esta obra son la fundación del Estado sobre el respeto a los derechos naturales del individuo, la condena del gobierno despótico y la moralización de los presupuestos del contrato social. Esta primera tentativa de ordenación de los fundamentos teóricos de liberalismo moderno aparecerá se gestará en un contexto de tensiones políticas (entre la Corona y el Parlamento) y religiosas (problemas de convivencia y tolerancia entre los credos) en Inglaterra.
En el Segundo tratado, Locke comienza diferenciando el poder político del poder paternal, una cuestión que luegos veremos desarrollar mejor en otros capítulos de su libro.
En el capítulo II Locke entra en una cuestión central en su teoría política, el debate sobre el estado de naturaleza, un estado anterior a la comunidad política, pre-político podríamos decir, regido por la ley natural y en el que los individuos son libres e iguales (ausencia de jerarquías políticas). Los seres humanos viven en completa libertad e igualdad dentro de los límites de la ley natural (racional). Esta ley autoriza a las personas a garantizar su propia supervivencia, su libertad y sus bienes, ejerciendo el derecho de reparación y represión, convirtiéndose en ejecutor de la ley natural. Pero esta condición no es perfecta, pues al convertirse en juez de su propia causa puede caer en parcialidad y violencia. Debe existir una norma pública que exiga esa proporcionalidad en el castigo, así como una fuerza de castigo colectiva capaz de hacer cumplir los ordenamientos de la ley natural que no todos los hombres ven con la misma claridad. No todos los hombres, señala Locke "observan estrictamente los modales de la equidad y la justicia", por lo que el estado de naturaleza "resulta muy peligroso" y está lleno de peligros. Por tanto, no es, como señalaba Hobbes, la inclinación egoísta de la naturaleza humana lo que hace necesaria la sociedad civil, sino la imposibilidad legal del estado de naturaleza para defenderse de la arbitrariedad. Otra cuestión, que ya se plantea Locke en el mismo capítulo II es si existen o existieron alguna vez hombres en ese estado de naturaleza. Locke afirma que "todos permanecemos en ese estado hasta que por plena voluntad nos convertimos en miembros de una sociedad política". El debate sobre el estado de naturaleza conecta, como refleja el propio texto de Locke, con las narraciones de viajeros europeos sobre los pueblos "salvajes" o en la experiencia de los colonizadores, especialmente en América.
En el capítulo III, Locke entra a considerar el "estado de guerra" que Hobbes identificaba con el estado de naturaleza. Locke considera que es un estado diferente, el de aquellos "que no se someten a la ley natural de la razón", el de una "fuerza ilegal contra la persona física de un hombre, con o sin un juez común" (es decir, en estado de naturaleza o fuera de él). Una de estas formas de violencia es la esclavitud, que Locke trata en el capítulo IV, y cuya auténtica condición considera que es "la prolongación de un estado de guerra entre un vencedor legítimo y un cautivo". Fuera de ésta situación, Locke afirma que existe una "libertad natural" que no reconoce otra ley para su conducta que la de la naturaleza; y una "libertad en sociedad" que consiste en "no someterse a otro poder legislativo que el que se establece por consentimiento dentro del Estado". En el capítulo V, Locke habla de uno de los que considera "derechos naturales", el derecho a la propiedad. Según Locke, la tierra pertenece al común del género humano. Hasta somos propietarios de nuestra propia persona. El trabajo, por otro lado, es considerado como algo que añade o agrega algo a la mercancía, y que, por ello, la excluye del derecho común de los demás. Es curioso esta identificación entre el trabajo y la propiedad privada, enfrentada a la larga tradición del trabajo colectivo. No obstante, Locke indica que el derecho a la propiedad posee un límite fijado por la razón: "Podemos apropiarnos de las cosas por el trabajo en la medida exacta en que nos es posible utilizarlas con provecho". "Dios -señala Locke- dio la tierra para el hombre trabajador y racional, no para el capricho de la avaricia...". No están mal estas consideraciones morales sobre el derecho a la propiedad, pero a continuación, Locke afirma que "la tierra no puede permanecer siempre como propiedad común y sin cultivar" (dos aspectos que no son incompatibles, pero que además podría justificar el robo y la explotación de las tierras de los pueblos colonizados por los europeos). En tiempos "primitivos", señala Locke, "todo el mundo era una especie de América", la medida de la propiedad lo señalaba la naturaleza, limitándola a lo que alcanzaba el trabajo de un hombre y las necesidades de la vida, lo que limitaba las posesiones de cada hombre a una proporción muy moderada. Tampoco tenían "la tentación de trabajar para conseguir más de lo que podían consumir", siendo fraudulento, "apropiarse de más de lo que necesitaba". Pero la invención del dinero estableció más tarde "las grandes posesiones y el derecho a ellas", lo que alteró el valor intrínseco de las cosas (su utilidad para la vida humana) y fomentó el "ansia de poseer más de lo que cada cual necesitaba".
En el capítulo VI, Locke vuelve a la cuestión del poder paternal, que considera muy diferente del poder político, aunque el primero sirva en ocasiones de fundamento a los reinos hereditarios o electivos. Aunque los hijos "sin uso de razón", los idiotas y los locos no se libran nunca del gobierno de los padres, el poder paternal no es, en general, "una jurisdicción absoluta y perpetua".
El capítulo VII trata "De la sociedad política o civil". Comienza analizando las relaciones de poder en la sociedad del hombre y la mujer, de los padres y los hijos, y del amo y el siervo. Respecto a éstas últimas, Locke señala en referencia a los esclavos que "se trata de cautivos hechos en una guerra justa, por el derecho natural, y sometidos al dominio absoluto y al poder arbitrario de sus amos... Perdieron el derecho a la vida y a sus libertades al mismo tiempo que sus bienes, y como su condición de esclavos los hace incapaces de poseer ninguna propiedad, no pueden ser considerados, dentro de ese estado, como partes de una sociedad civil, ya que la finalidad primordial de ésta es la defensa de la propiedad" (fg. 85). Conviene recordar a este respecto el trágico tráfico de esclavos que, desde el siglo XVI a la primera mitad del XIX, envió a las plantaciones americanas a un gran número de africanos. Hacia el siglo XVII
hubo un gran incremento en el número de esclavos debido a su
importancia como mano de obra, en las explotaciones agrícolas de gran
extensión (sistema de plantaciones) en América del Norte, del Sur y, principalmente, en el Caribe.
No hay consenso sobre las cifras de la esclavitud en Época moderna, se
han propuesto 60 millones de secuestrados, de los cuales 24 millones
fueron a parar a América, 12 millones a Asia y 7 millones a Europa,
mientras que los 17 millones restantes fallecerían en las travesías. Este incremento en el comercio negrero fue acompañado, en la mayoría de los casos, por una fuerte ideología racista:
los negros eran considerados seres inferiores, asimilados
frecuentemente a animales, sin tan siquiera poder ser considerados
sujetos de derecho y por lo tanto considerados, jurídicamente, como
cosas (Fuente: wikipedia).
Locke insiste a continuación en la diferencia entre la sociedad política y la sociedad familiar (o de otro tipo). En la primera la comunidad se convierte en árbitro, cediendo el individuo su poder de ejecutar la ley natural. Subraya también la incompatibilidad de la sociedad civil con la monarquía absoluta, pues "el príncipe absoluto reúne en sí mismo el poder legislativo y ejecutivo sin participación de nadie". El poder legislativo, subraya Locke, debe estar colocado en manos de cuerpos colectivos ("llámese Senado, Parlamento o lo que mejor parezca"): "Nadie puede sustraerse por su propia autoridad a la fuerza de la ley".
Cuestiones para el cuaderno: ¿Qué opinas sobre el polémico concepto de estado de naturaleza que utiliza Locke? ¿Y sobre su concepto de trabajo y propiedad? ¿Y sobre su idea de esclavitud?
Los principales puntos de esta obra son la fundación del Estado sobre el respeto a los derechos naturales del individuo, la condena del gobierno despótico y la moralización de los presupuestos del contrato social. Esta primera tentativa de ordenación de los fundamentos teóricos de liberalismo moderno aparecerá se gestará en un contexto de tensiones políticas (entre la Corona y el Parlamento) y religiosas (problemas de convivencia y tolerancia entre los credos) en Inglaterra.
En el Segundo tratado, Locke comienza diferenciando el poder político del poder paternal, una cuestión que luegos veremos desarrollar mejor en otros capítulos de su libro.
En el capítulo II Locke entra en una cuestión central en su teoría política, el debate sobre el estado de naturaleza, un estado anterior a la comunidad política, pre-político podríamos decir, regido por la ley natural y en el que los individuos son libres e iguales (ausencia de jerarquías políticas). Los seres humanos viven en completa libertad e igualdad dentro de los límites de la ley natural (racional). Esta ley autoriza a las personas a garantizar su propia supervivencia, su libertad y sus bienes, ejerciendo el derecho de reparación y represión, convirtiéndose en ejecutor de la ley natural. Pero esta condición no es perfecta, pues al convertirse en juez de su propia causa puede caer en parcialidad y violencia. Debe existir una norma pública que exiga esa proporcionalidad en el castigo, así como una fuerza de castigo colectiva capaz de hacer cumplir los ordenamientos de la ley natural que no todos los hombres ven con la misma claridad. No todos los hombres, señala Locke "observan estrictamente los modales de la equidad y la justicia", por lo que el estado de naturaleza "resulta muy peligroso" y está lleno de peligros. Por tanto, no es, como señalaba Hobbes, la inclinación egoísta de la naturaleza humana lo que hace necesaria la sociedad civil, sino la imposibilidad legal del estado de naturaleza para defenderse de la arbitrariedad. Otra cuestión, que ya se plantea Locke en el mismo capítulo II es si existen o existieron alguna vez hombres en ese estado de naturaleza. Locke afirma que "todos permanecemos en ese estado hasta que por plena voluntad nos convertimos en miembros de una sociedad política". El debate sobre el estado de naturaleza conecta, como refleja el propio texto de Locke, con las narraciones de viajeros europeos sobre los pueblos "salvajes" o en la experiencia de los colonizadores, especialmente en América.
En el capítulo III, Locke entra a considerar el "estado de guerra" que Hobbes identificaba con el estado de naturaleza. Locke considera que es un estado diferente, el de aquellos "que no se someten a la ley natural de la razón", el de una "fuerza ilegal contra la persona física de un hombre, con o sin un juez común" (es decir, en estado de naturaleza o fuera de él). Una de estas formas de violencia es la esclavitud, que Locke trata en el capítulo IV, y cuya auténtica condición considera que es "la prolongación de un estado de guerra entre un vencedor legítimo y un cautivo". Fuera de ésta situación, Locke afirma que existe una "libertad natural" que no reconoce otra ley para su conducta que la de la naturaleza; y una "libertad en sociedad" que consiste en "no someterse a otro poder legislativo que el que se establece por consentimiento dentro del Estado". En el capítulo V, Locke habla de uno de los que considera "derechos naturales", el derecho a la propiedad. Según Locke, la tierra pertenece al común del género humano. Hasta somos propietarios de nuestra propia persona. El trabajo, por otro lado, es considerado como algo que añade o agrega algo a la mercancía, y que, por ello, la excluye del derecho común de los demás. Es curioso esta identificación entre el trabajo y la propiedad privada, enfrentada a la larga tradición del trabajo colectivo. No obstante, Locke indica que el derecho a la propiedad posee un límite fijado por la razón: "Podemos apropiarnos de las cosas por el trabajo en la medida exacta en que nos es posible utilizarlas con provecho". "Dios -señala Locke- dio la tierra para el hombre trabajador y racional, no para el capricho de la avaricia...". No están mal estas consideraciones morales sobre el derecho a la propiedad, pero a continuación, Locke afirma que "la tierra no puede permanecer siempre como propiedad común y sin cultivar" (dos aspectos que no son incompatibles, pero que además podría justificar el robo y la explotación de las tierras de los pueblos colonizados por los europeos). En tiempos "primitivos", señala Locke, "todo el mundo era una especie de América", la medida de la propiedad lo señalaba la naturaleza, limitándola a lo que alcanzaba el trabajo de un hombre y las necesidades de la vida, lo que limitaba las posesiones de cada hombre a una proporción muy moderada. Tampoco tenían "la tentación de trabajar para conseguir más de lo que podían consumir", siendo fraudulento, "apropiarse de más de lo que necesitaba". Pero la invención del dinero estableció más tarde "las grandes posesiones y el derecho a ellas", lo que alteró el valor intrínseco de las cosas (su utilidad para la vida humana) y fomentó el "ansia de poseer más de lo que cada cual necesitaba".
En el capítulo VI, Locke vuelve a la cuestión del poder paternal, que considera muy diferente del poder político, aunque el primero sirva en ocasiones de fundamento a los reinos hereditarios o electivos. Aunque los hijos "sin uso de razón", los idiotas y los locos no se libran nunca del gobierno de los padres, el poder paternal no es, en general, "una jurisdicción absoluta y perpetua".
Locke insiste a continuación en la diferencia entre la sociedad política y la sociedad familiar (o de otro tipo). En la primera la comunidad se convierte en árbitro, cediendo el individuo su poder de ejecutar la ley natural. Subraya también la incompatibilidad de la sociedad civil con la monarquía absoluta, pues "el príncipe absoluto reúne en sí mismo el poder legislativo y ejecutivo sin participación de nadie". El poder legislativo, subraya Locke, debe estar colocado en manos de cuerpos colectivos ("llámese Senado, Parlamento o lo que mejor parezca"): "Nadie puede sustraerse por su propia autoridad a la fuerza de la ley".
Cuestiones para el cuaderno: ¿Qué opinas sobre el polémico concepto de estado de naturaleza que utiliza Locke? ¿Y sobre su concepto de trabajo y propiedad? ¿Y sobre su idea de esclavitud?
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