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domingo, 3 de enero de 2021

Reseña de "Lecturas presocráticas" (Agustín García Calvo)


 A. García Calvo, Lecturas presocráticas, Zamora, Lucina, 2001 (3ª ed.), 230 pp.

    Este libro es resultado de las lecturas, debates e interpretaciones en torno a los textos presocráticos que el profesor García Calvo compartió a lo largo de muchos años en ciudades como Sevilla, Madrid o París.
    En esta nota sólo queremos resaltar algunos aspectos que creemos interesantes para nuestro trabajo, algunas ideas que nos han dado qué pensar.
    García Calvo señala que "presocrático" ha venido a querer decir para él algo como "prefilosófico", pues confunde la Filosofía con la Ciencia y con la Teología (su versión superficialmente laica): "En suma, que será presocrático un pensamiento no sumiso todavía a la necesidad de la fe o saber (que también a este propósito se confunden) y que no parte de la obligación de que este mundo, esto que nos pasa y que somos, sea algo razonable ni posible, y no va desde el principio lastrado y condenado por la finalidad de encontrar solución (o cada vez soluciones más perfectas) a los problemas y contradicciones que el mundo y su lenguaje nos ofrecen, sino sólo animado por un deseo de plantearlos con la honradez y claridad que sea dado". Tras ellos, tras los presocráticos, "tras la pregunta y la contradicción dialéctica que pone en cuestión la Realidad, (o sea, esto que haya y pase configurado como seres y yo entre ellos)" vendría, de manera aparentemente inevitable, "el establecimiento de un saber que, asimilando esa forma de la pregunta, dé mejor cuenta de la Realidad y la transforme" (p. 17).
    Una lectura y pensamiento presocrático trataría, pues, "de resucitar la pregunta y dejarla que viva y que florezca, poniendo una vez más al descubierto la contradicción incurable en que la Realidad (esto es, sus Ideas) está fundada". Una lectura consciente, no obstante, de que "en general, el proceso de "hacerse como niños" es la más improbable de las empresas. Pero, por si acaso no es del todo imposible. Y aun si lo es, que lo demuestre" (p. 18).
    El método seguido en el análisis de estos textos consistía en la lectura de algunas líneas del texto, y tras darles varias vueltas, "tanteando, rechazando, comparando interpretaciones, hasta quedarnos más o menos con una o más bien con unas cuantas alternativas, perdernos en múltiples y variopintas discusiones, en las que se intentaba dejar cuanto antes de discutir acerca del texto y de sus autores y discutir sin más de aquello de que el texto hablaba"(p. 21).
    García Calvo propone debatir sobre los temas que aparecen, no sobre los autores, y "no dejarse enredar en la Historia de la Filosofía", "que la filosofía en las escuelas ha venido a no ser otra cosa que Historia de la Filosofía":

"No estábamos allí a ver qué es lo que decían Heráclito o Jenófanes o los otros hombrecillos salpicados en el mapa del Egeo y comprenderlo, como un profesor de Filosofía, desde la cumbre ventajosa de la posteridad y el progreso.., ni como un profesor de Historia... que quisiera explicarse sus palabras por las condiciones de su tiempo, de modo que ya no tengan sentido en el tiempo del propio historiador, sino que más bien a lo que estábamos era a entender lo que los textos en sí nos dicen (sean "de" quien sean) y a dejar que ellos nos ayudaran a plantearnos las cuestiones que están ahí y que, más confusamente, se nos plantean cada día"
    La visión de la Historia de la Filosofía, en su búsqueda de precedentes, es la de que con Tales comenzaba algo nuevo. Así se presentaba como "respuesta a las cuestiones desconcertantes de pensamientos anteriores y por tanto... arcaicos, deficientes" ("así el adulto se ve obligado a concebir los problemas y descubrimientos desconcertantes de su antiguo niño como nacidos de ingenuidades y torpezas, que sólo en la ideación madura han alcanzado su planteamiento justo y su solución debida"):
"¿Qué sería lo que con Tales empezaba?: ¿un pensamiento libre, independiente de su sumisión a finalidades prácticas?; o más bien, dentro del pensamiento práctico y sumiso, ¿unos excesos o desmadres del razonamiento, un salirse por la tangente?; o más bien ¿se trata de un trance de reflexividad, el pensamiento tomándose a sí mismo como objeto?"
    A cualquier niño, señala García Calvo, ha de ocurrírsele en algún momento la cuestión de si "todas las cosas" no se reducen a "una misma", ni contable ni diferenciable; o preguntarse sobre qué es lo que sostiene la Tierra (para darse cuenta que ninguna respuesta puede ser definitiva, pues a cada final que suponga siempre puede preguntar qué hay mas allá de él). Y si afirmamos, como Anaximandro, que lo que hay es sin fin, caería la pretensión de que haya cosas y sean cada una lo que es.

domingo, 14 de abril de 2013

En memoria de Agustín García Calvo, 2ª parte

Siguiendo con el recuerdo de Agustín García Calvo, al que ya aludimos en una entrada anterior, me gustaría dejaros con uno de sus poemas, con su forma de negar la Realidad que nos imponen, su forma de animarnos a decir en voz alta y a la cara de "los que saben": No, no y no.

La cara del que sabe

Cuando veas al hombre de banca
dinámico y grave
que en la ranura de su coche
introduce la llave,
mientras habla con un cliente
importante,
y con mano segura
agarra el volante,
verás, si te fijas, en el cristal
la cara del que sabe.

En la escuela, al salir de recreo
al patio empujándose,
si ves a uno que lo llaman
el Capacobardes
que le escupe en la oreja al tonto
de la clase
y se planta aguardando
que el otro se arranque,
helados de vidrio verás allí
los ojos del que sabe.

O si ves por la turbia ventana
de frente a su amante
a la querida que, ya seca,
se aferra al cadáver
de su amor, y a cuchillo dice
«Como escapes,
te lo juro, aquí mismo
me siego el gaznate»,
grabado verás en la blanca piel
el signo del que sabe.

En la foto del jefe de estado
que fija el instante
en que él, sentado ante un decreto
de muerte de alguien,
en penoso deber la pluma
de oro blande,
cuando firme la firma
de un trazo la trace,
trazada en su frente la puedes ver
la marca del que sabe.

O si no, en el neón del espejo
del bar de 'My darling'
si ves al chulo que a su rubia
le dice, fumándole
de nariz, «Que nanay, nenita,
que tu padre,
y cuidao con el rímel,
que no se te empaste»,
posada en sus párpados la verás
la fuerza del que sabe.

Y si asomas, en fin, al estudio
de altos cristales
donde el cerebro de la empresa
dibuja los planes
de la ruta futura, y corre
recto el lápiz
y a derecho y a regla
los borra los árboles,
guiada verás de la pura ley
la mano del que sabe.

Todos tienen su idea: son ellos
los reyes del aire.
Y si tú ves que, cuando a todos
los cierre en la cárcel
de los versos y que la música
ya se apague,
yo me quedo a las nubes
mirando distante,
recuérdame y dime «La veo ahí
la cara del que sabe.

Agustín García Calvo hizo sonar esta poesía, intentó hacerla palabra viva, no "literatura muda". Y en ese experimento contó con la ayuda de Chicho Sánchez Ferlosio y Amancio Prada. Aquí podéis ver y escuchar su declamación en el Teatro Español, en el Ciclo de intérpretes musicales celebrado en Madrid allá por el 19 y 20 de noviembre de 1982. Canciones y soliloquios. 
En el programa de mano aparecía el siguiente texto:
 "Es una empresa un tanto desesperada ésta de ponerse a cantar y declamar poesía en un teatro. Porque es que los campos están bien delimitados: por un lado, canción para masas, más o menos roquera o cupletera, cada vez más pobres, desgraciadas y repetitivas las letras, y también las melodías, supliéndose esas faltas con los efectos de ruidos o de imagen y gesto del ejecutor; y por otro lado, la poesía de los poetas, literaria, muda y condenada al libro y a la lectura de unos pocos, poetas también o críticos de poetas, eternamente experimental y viéndose a sí misma inscrita desde el nacimiento en una Historia de la Literatura. Pero ello es que lo uno va con lo otro: que la desgracia de los géneros de consumo masivo está en correlación con la reclusión al libro de la poesía culta, su ausencia de la voz y el verdadero uso. Es esa separación lo que se ataca con intentos como éste: Amancio Prada y Chicho Sánchez Ferlosio han venido con sus artes y gracias haciendo revivir en voz y melodía algunas de las canciones, y por mi parte vengo ensayando, para el drama, pero también para la lírica, modos de declamación con recursos de la voz y el ritmo, públicos y casi teatrales, que se atreven a hacer sonar la poesía, por si sirve de algo. Y algo de esto es lo que vamos a ofrecer en estas sesiones del Español: cosa, como espectáculo, probablemente pobre y desairada; de modo que confiamos en que sean oyentes apasionados también por ese intento de rotura de la separación que digo los que acudan a escucharnos."
 Agustín García Calvo

Amancio Prada también compuso una bonita canción a partir de este poema. Os dejo con él.

jueves, 21 de marzo de 2013

En memoria de Agustín García Calvo

A comienzos de noviembre del año pasado (1 de noviembre de 2012) murió el filósofo Agustín García Calvo, ensayista, poeta, dramaturgo y profesor. Su presencia fue algo insólito en la sórdida dictadura franquista, así como un molesto tábano en la autocomplaciente democracia posterior. "El gran Negador" -como lo ha denominado uno de sus alumnos, Fernando Savater- desmenuzaba y ofrecía novedosas lecturas de filósofos como Heráclito o Parménides. Y en sus lecturas y conferencias nos ayudó a cuestionar todas las grandes certezas con las que nos acunaban desde pequeños: la Realidad, la Muerte, el Estado, el Capital, la Familia, la Pareja...
Muchos estudiantes de filosofía comenzamos a conocerle con sus "Lecturas presocráticas", para luego fascinarnos con sus poemas y sus personales conferencias y tertulias.  Mantenía todavía entre los estudiantes su aura de resistente contra la dictadura, que le apartó de su cátedra por apoyar las protestas estudiantiles en febrero de 1965, junto a Aranguren y Tierno Galván. Su pensamiento nos desconcertaba en un primer momento, tan alejado a lo que vislumbrábamos en las aulas universitarias, o en los medios de comunicación de masas, pero nos abría unos horizontes y líneas de pensamiento muy diferentes. Recuerdo, por ejemplo, en un verano en Ávila, sus comentarios sobre Antonio Machado y su "Juan de Mairena", un profesor-poeta-filósofo al que creo que le unían muchos aspectos. Su "Relato de amor", la larga endecha que dedica a la muerte de su padre, sigue siendo uno de los libros más bellos y emocionantes que he leído.
Otro bello poema de amor, probablemente uno de los más hermosos y libertarios que escribió, es el titulado "Libre te quiero", al que el cantautor Amancio Prada puso música:

También lo recordamos participando en las concentraciones del 15-M en la Puerta del Sol de Madrid, a la que desde el nacimiento del movimiento acudía cada jueves para hablar con los jóvenes.


Como el propio Agustín García Calvo nos enseñó, la muerte sólo llega al individuo, a aquello en lo que el Poder intenta convertirnos, para no dejarnos ser pueblo. Allí, como pueblo, seguiremos encontrando a este poeta y filósofo zamorano.

En la página de su editorial Lucina podéis leer muchos de sus artículos y conferencias.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Los pensadores presocráticos

Se suele situar el nacimiento de la filosofía occidental en el llamado pensamiento presocrático, aparecido en el siglo VII a. C en Grecia. No es fácil en ocasiones comprender el significado de los textos fragmentados y en ocasiones descontextualizados de los pensadores presocráticos.
El profesor A. García Calvo ( Lecturas presocráticas, Zamora, Lucina, 2001), propone analizar estos textos mediante la lectura de algunas líneas del texto, y tras darles varias vueltas, "tanteando, rechazando, comparando interpretaciones, hasta quedarnos más o menos con una o más bien con unas cuantas alternativas, perdernos en múltiples y variopintas discusiones, en las que se intentaba dejar cuanto antes de discutir acerca del texto y de sus autores y discutir sin más de aquello de que el texto hablaba"(21).
García Calvo propone debatir sobre los temas que aparecen, no sobre los autores, y "no dejarse enredar en la Historia de la Filosofía", "que la filosofía en las escuelas ha venido a no ser otra cosa que Historia de la Filosofía":
Según García Calvo,
No estábamos allí a ver qué es lo que decían Heráclito o Jenófanes o los otros hombrecillos salpicados en el mapa del Egeo y a comprenderlo, como un profesor de Filosofía, desde la cumbre ventajosa de la posteridad y el progreso.., ni como un profesor de Historia... que quisiera explicarse sus palabras por las condiciones de su tiempo, de modo que ya no tengan sentido en el tiempo del propio historiador, sino que más bien a lo que estábamos era a entender lo que los textos en sí nos dicen (sean "de" quien sean) y a dejar que ellos nos ayudaran a plantearnos las cuestiones que están ahí y que, más confusamente, se nos plantean cada día"
La visión de la Historia de la Filosofía, en su búsqueda de precedentes, es la de que con Tales comenzaba algo nuevo.
 ¿Qué sería lo que con Tales empezaba?: ¿un pensamiento libre, independiente de su sumisión a finalidades prácticas?; o más bien, dentro del pensamiento práctico y sumiso, ¿unos excesos o desmadres del razonamiento, un salirse por la tangente?; o más bien ¿se trata de un trance de reflexividad, el pensamiento tomándose a sí mismo como objeto?
Pero, critica García Calvo, esto se suele presentar como "respuesta a las cuestiones desconcertantes de pensamientos anteriores y por tanto.. arcaicos, deficientes", con lo que nos obligan a concebir estos problemas y descubrimientos que trataron "como nacidos de ingenuidades y torpezas, que sólo en la ideación madura han alcanzado su planteamiento justo y su solución debida". A cualquier niño -señala García Calvo- ha de ocurrírsele en algún momento la cuestión de si "todas las cosas" no se reducen a "una misma", ni contable ni diferenciable; o preguntarse sobre qué es lo que sostiene la Tierra (para darse cuenta que ninguna respuesta puede ser definitiva, pues a cada final que suponga siempre puede preguntar qué hay mas allá de él). Y si afirmamos, como Anaximandro, que lo que hay es sin fin, caería la pretensión de que haya cosas y sean cada una lo que es.