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sábado, 7 de enero de 2017

La filosofía en el Imperio Romano

    El año 86 a.C. Atenas fue saqueada por el ejército romano, convirtiéndose Grecia en un protectorado romano. Esto provocaría, como señala Randall Collins (Sociología de las filosofías, Hacer, 2005) la desaparición de las escuelas atenienses. Seguirá habiendo maestros individuales, pero las organizaciones filosóficas que existieron tuvieron una vida muy breve: "En la transición hacia la base romana se produce una eclosión de innovación, que acaba conduciendo a una nueva clase de vida intelectual". 
    El epicureísmo recibe su formulación clásica con Lucrecio, aunque su heterodoxia religiosa provocará su expulsión de Roma en los tiempos de Augusto. El poema filosófico de Lucrecio, De rerum natura, combina la poesía y la didáctica de las tesis atomistas y epicúreas.
    El estoicismo desarrolla con Posidonio un nuevo sistema en la escuela de Rodas. También fue estoico Séneca, hombre de acción y de Estado, nacido en Córdoba y excelente orador del Senado romano. Su interés se centraba en la ética, como una terapia o remedio frene a la fugacidad de la vida y la debilidad del ser humano. Su pensamiento no se formulaba en tesis o teoremas, sino en consejos y exhortaciones. El propio emperador Marco Aurelio fue un reconocido pensador estoico ("Meditaciones"). 
    El escepticismo está representado por Cicerón, aunque moderado en un eclecticismo humanista. Según Mosterín, "Cicerón fue el creador de la prosa filosófica latina. Aportó a los romanos la creación de un vocabulario filosófico del que antes carecían. También les proporcionó una información amplia y elocuentemente expuesta sobre las grandes corrientes de la filosofía helenística". En su Hortensius, realiza una exhortación al estudio de la filosofía.
    El aristotelismo pierde su independencia respecto al idealismo platónico, se vuelve ecléctico y los textos de Aristóteles se ven como una modificación de la teoría platónica de las Formas. Mientras, el platonismo abandona el escepticismo anterior y regresa a una ontología emanacionista religiosa, en sincretismo con una numerología neopitagórica revivida.
    Las alteraciones producidas en la base institucional durante el Imperio Romano producirá una readaptación del capital cultural. Es ahí donde encontramos a Posidonio, Enesidemo, Lucrecio, Cicerón, quienes ejercieron de representantes para la introducción de las ideas griegas en Roma.  En general, se reformularon doctrinas anteriores, sintetizando posiciones que limaban su agudeza crítica. El periodo romano se caracterizó por un eclecticismo debido en parte a la falta de una base organizativa sólida.
    En la Antigüedad tardía, el crecimiento de la Iglesia cristiana hizo que las escuelas paganas se organizaron en la oposición. Cuando el cristianismo se convirtió en religión de Estado, los filósofos paganos hicieron un esfuerzo conjunto por revivir al menos una de las escuelas antiguas: el neoplatonismo de Plotino y de Proclo, que habían edificado un sistema basado en el platonismo que servía a la vez de religión, y que tenía como punto de partida la cuestión de la naturaleza de la trascendencia: "Plotino forjó un frente unido con todas las filosofías supervivientes, junto con la mayoría de los elementos presentes en los movimientos religiosos u ocultistas no particularistas. Para tal propósito, se adueñó de elementos pertenecientes a las escuelas que ahora habían desaparecido, purgándolos de todo materialismo... La escuela neoplatónica se convirtió en el centro de la oposición política al cristianismo e hizo campaña a favor de la restauración de los cultos tradicionales".
    La preeminencia del cristianismo después del 250 d.C. provocaría el triunfo de la religión sobre la filosofía laica. No obstante, la religión católica competiría con la proliferación de movimientos gnósticos y ocultistas, aunque éstos carecían de la base material, la disciplina y la jerarquía organizativa que poseía la primera. Además, el crecimiento de la Iglesia católica provocaría disputas heréticas internas (con los monarquianos, arrianos, monofisitas y pelagianos) que se libraban en el terreno de las abstracciones filosóficas. Para ello se apropiarían del capital cultural de los movimientos filosóficos paganos que se hundían: los conceptos del platonismo medio, y más tarde del neoplatonismo, se convirtieron en armas para las disputas contra las herejías.
Las escuelas filosóficas existentes tendieron al sincretismo: la vieja rivalidad entre filósofos y retóricos desaparece, pues los filósofos buscaban una nueva base material: "El mercado de retóricos para formar oradores y abogados se convertiría en el soporte principal de la vida intelectual durante el periodo romano. La alianza entre la filosofía y la retórica resultaría fatídica para el pensamiento posterior, ya que tendió a convertir las doctrinas filosóficas en parte de la bolsa de trucos del retórico".
Los intelectuales más ambiciosos y de mayor talento, que hasta ese momento habían escogido la carrera de altos funcionarios o de retóricos, como Agustín de Hipona, se pasaron a la Iglesia. Agustín de Hipona representa, en este sentido, el "despliegue de un conocimiento enciclopédico del capital cultural pagano desde un contexto cristiano". Cuando Agustín escribe La ciudad de Dios intenta mostrar "el cambio en la historia universal que conduce del triunfo del cristianismo sobre un Imperio romano que se derrumba".
    En el año 529 d.C., cuando el emperador Justiniano prohibió la filosofía pagana, los filósofos alejandrinos se convirtieron al cristianismo, mientras los atenienses resistieron hasta su amargo final.
    Las relaciones no siempre fáciles entre la razón y la fe, la filosofía y la teología, el poder civil y la Iglesia, son cuestiones que, pese al paso del tiempo y los cambios profundos en las condiciones sociales, constituyen temas de reflexión recurrente que están en el trasfondo de algunos problemas actuales, como por ejemplo las relaciones no siempre fáciles entre la Iglesia y el Estado, la religión y la ciencia, o el debate sobre el laicismo en el mundo actual.

Cuestiones para el cuaderno: Realiza, a partir de las notas anteriores, un esquema comentado de la filosofía en el Imperio Romano.

Hipatia y la filosofía en el Imperio Romano

El otro día una compañera me preguntaba en clase si la filósofa alejandrina Hipatia (370-413 d.C.) había descubierto la teoría heliocéntrica y las órbitas elípticas ya en el siglo IV d. C., como sugiere la película Ágora, de Alejandro Amenábar. Eso parece más bien una de las licencias históricas del film, pues nada permite deducir que llegara a resolver el enigma astronómico que planteaban los planetas errantes, y que llegara a vislumbrar en la elipse la solución que hallara más de mil años después, en el siglo XVI, el astrónomo Kepler.

Lo que sabemos es que fue una filósofa y maestra neoplatónica que destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía. Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas, llevando una vida ascética. Vivió en Alejandría en una época de cambios radicales. Alejandría formaba parte de la provincia romana de Egipto, y experimentaba una fuerte cristianización. La Iglesia cristiana era algo así como un Estado dentro del Estado. Hipatia, que no era cristiana, se vio expuesta a las opiniones del obispo de la ciudad, Cirilo, que estaba en contra de la filosofía pagana, a la que consideraba peligrosa.
Hipatia educó a una selecta escuela de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos, entre los que destacan el obispo Sinesio de Cirene, y Orestes, prefecto de Egipto en el momento de su muerte. Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió sobre geometría, álbebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios —instrumentos para determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste— e inventó un hidrómetro. Un contemporaneo de Hipatia, el erudito Sócrates Escolástico, escribió sobre la filósofa:
"Vivió en Alejandría una mujer, Hipatia de nombre, que era hija del filósofo Teón. Tenía una formación extraordinaria, que sobrepasaba a todos los filósofos de su tiempo. Su actividad docente la llevó a lo más alto de la escuela platónica, conducida por Plotino, y enseñó a todo aquel que se lo pidiera, en cualquier campo del saber."
 Sobre su trágica muerte, Sócrates Escolástico escribió:
"De tal suerte que diversos exaltados, encabezados por monjes, conspiraron entre todos y atacaron a la mujer por la espalda en una ocasión cuando regresaba a su casa. La arrancaron de su carruaje y la arrastraron juntos a la iglesia que se conoce con el nombre de Kaisarion. Allí la despojaron de sus ropas y desgarraron su cuerpo con trozos de conchas marinas. Despedazaron a la mujer miembro a miembro y llevaron después los pedazos a un lugar llamado Kikaron para quemarlos".
(Fuente: Ingeborg Gleichauf, Mujeres filósofas en la historia, Icaria, Barcelona, 2010).

Os recomiendo ver la película de Amenabar. En una secuencia, Hipatia responde a su antiguo discípulo, y ahora obispo, Sinesio, que pretende convertirla al cristianismo: "Tú no cuestionas lo que crees. Yo debo". Y en otro momento, responde así a la acusación de que no cree en nada: "Creo en la Filosofía". A lo que su interlocutor responde: "¿La filosofía? ¿En los tiempos que corren?"

 A continuación, la historia de Hipatia de Alejandría contada por el científico Carl Sagán en "Cosmos":