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martes, 2 de febrero de 2016

La Edad Moderna. La revolución científica y sus conexiones con la filosofía: René Descartes

La filosofía de la Edad Moderna (siglo XVII-XVIII)  se ha caracterizado por la presencia de dos grandes corrientes de pensamiento-racionalismo y empirismo- muy influidas por la revolución científica que se desarrolla en esta época y por la agitada situación política (revoluciones burguesas, guerras religiosas...).
El Barroco refleja este mundo inestable, intentando mostrar lo mutable y fugaz de la realidad, su complejidad, como muestra su gusto por los laberintos que pueblan muchos de sus jardines, las variaciones y repeticiones de su música, o su pasión por los relojes, que miden nuestro tránsito temporal por un Universo mecánico.
Los grandes mitos gestados en el Barroco reflejan una fuerte tensión interna: entre la realidad y la apariencia (Don Quijote), entre la realidad y el deseo (Don Juan), entre el sueño y la vigilia (Segismundo). Pensadores como Descartes buscarán un criterio firme de verdad que pueda poner orden y claridad ante tanta confusión.

jueves, 12 de febrero de 2015

El problema de la realidad y el conocimiento en la filosofía moderna

Intenta responder a algunas de las cuestiones en torno a la realidad y el conocimiento en el pensamiento moderno. 

- ¿Qué es la «revolución científica»?, ¿qué paradigmas procedentes del pensamiento griego coexisten durante dicha revolución?, ¿qué relación existe entre la nueva ciencia y la filosofía moderna?
- ¿Qué importancia tiene el método en el conocimiento de la verdad?, ¿cómo afecta el método en la organización de la vida en orden a conseguir eficacia?
- ¿Es real todo lo que es matematizable?, ¿qué valor tiene el método descriptivo practicado por la ciencia de origen aristotélico?
- ¿Qué papel desempeñan la razón y los sentidos en el conocimiento de la verdad?, ¿cómo se construye la experiencia, con arreglo al criterio empirista o más bien al trascendental?
- ¿Cuántas clases de sustancias existen en la realidad?, ¿tres, como decía Descartes? ¿una, como afirmaba Spinoza?, ¿infinitas, como sostenía Leibniz? ¿Qué consecuencias se desprenden de las concepciones anteriores?
- ¿Dónde tiene su origen el conocimiento humano?, ¿en la razón?, ¿en la experiencia?
- ¿Cuáles son las claves de la polémica gnoseológica entre los partidarios del racionalismo y del empirismo?, ¿cómo se actualiza esta confrontación en la polémica sobre el origen del lenguaje?
- Dado el origen evolutivo del conocimiento humano, ¿cabe esperar alguna forma de ideas innatas en función de la eficiencia, las necesidades e intereses?
- ¿Qué características y qué alcance tienen los juicios de la ciencia?, ¿son analíticos?, ¿son sintéticos?, ¿son sintéticos a priori?
- ¿Qué valor tiene el principio de causalidad?, ¿se puede probar la existencia de Dios?
- ¿Cómo ha influido la propuesta cartesiana de la matematización de lo real y de la autonomía de la razón en el desarrollo de la ciencia?, ¿y en el ateismo y el laicismo?
- ¿Cómo se plasma el criterio cartesiano de la claridad y distinción en el estilo artístico neoclásico?
- ¿Existen ideas innatas? ¿Hay consenso entre los humanos en torno a estas supuestas verdades universales?, ¿qué dice la lógica dialéctica de los principios de identidad y de no contradicción?, ¿y el principio de complementariedad de la mecánica cuántica sobre el principio de causalidad?

miércoles, 21 de enero de 2015

El último de los grandes filósofos racionalistas: G. W. Leibniz

Como Descartes, G. W. Leibniz (1646-1716) fue uno de los más destacados filósofos racionalistas; además de jurista, matemático y diplomático. Nacido al final de las guerras de religión que asolaron Alemania, pretendió unificar más tarde las iglesias católica y protestante en torno a una teología común. Trabajó al servicio de varios príncipes alemanes y alcanzó puestos diplomáticos en Francia y Londres en la década de 1670. Esto le ayudaría a moverse por las redes intelectuales europeas, conociendo todos los círculos importantes de científicos y filósofos. Los inicios de su formación, en la universidad de Leipzig, fueron escolásticos (en torno a la obra de los españoles Suárez y Molina), pero sus contactos con los círculos anticartesianos en París, y con la obra de Spinoza, en Holanda, le permitieron formar sus propias ideas.